COMO EN LAS PEORES DICTADURAS

Ya hemos dicho en otras ocasiones que, en España, cuando gobierna la derecha, lo hace casi pidiendo perdón, acomplejadita perdida, implorando a la izquierda que le perdone la vida por existir, por ser facha, por la dictadura de Franco, por la leyenda negra y por el toro que mató a Manolete.
La izquierda, en cambio, cuando llega al poder inaugura la democracia. Todos los derechos y libertades del universo mundo se hacen realidad cuando la izquierda gobierna. El aire es más puro, brilla el sol todos los días y los animales brincan de felicidad. Resumiendo: los españoles no podemos aspirar a nada mejor que un gobierno socialista.
El último episodio protagonizado por el ministro de Transportes y número dos del PSOE, José Luis Ábalos, demuestra hasta qué punto esto es así. Hasta qué punto la mediocridad se mezcla con la soberbia para configurar ese tipo de político mesiánico, manipulador nato, capaz de cualquier cosa por mantenerse en el poder.
Dice Ábalos que se encontró «por casualidad» en un avión aparcado en Barajas, con la vicepresidenta chavista, Delcy Rodríguez, que tiene prohibida su estancia en el espacio Schengen europeo por los desmanes cometidos en Venezuela por el régimen del tirano Maduro. Domingo, 2 y media de la madrugada, este señor pretende que creamos que su encuentro con esta impresentable vicepresidenta fue casual y no acordado. Bien.
Pasan las horas, y como su trola no se la cree nadie, ni siquiera su familia, cambia la versión, y entonces ya no fue un encuentro casual, sino que el propio ministro Marlaska le pidió que, ya que estaba por allí por Barajas, hiciese lo posible por que Rodríguez no pisase suelo español, y evitar así un incidente diplomático.
Sea como fuere, la imagen de un ministro español, número 2 del PSOE, dentro de un avión con una señora acusada de de haber «usurpado los poderes» de la Asamblea Nacional venezolana y de utilizarlos para «perseguir a la oposición e impedirle que forme parte del proceso político», es algo absolutamente repugnante. Lo propio, sin duda, de un Gobierno, éste del Frente Popular en España, donde está Pablo Iglesias de vicepresidente.
Pero, como les decía al principio, los españoles no podemos aspirar a nada mejor que el PSOE y Podemos. O al menos, así lo creen ellos. Y el señor Ábalos, muy lejos de presentar explicaciones y disculpas como paso previo a su dimisión, ha dicho textualmente: «A mí no me echa nadie».
Que es un poco lo que dice Maduro en Venezuela, efectivamente, «a mí no me echa nadie», ni por las buenas ni por las malas, ni en las urnas ni por otras vías. A esto nos referimos con el uso mesiánico del poder, han llegado, les ha costado mucho llegar, han tenido que esperar siete años para desalojar de La Moncloa a la derecha, y ahora que están en el momio no lo van a abandonar tan fácilmente. Por muchos y graves que sean los episodios que protagonicen.
Y es que todo en este gobierno es turbio, oscuro y preocupante. Los vínculos de Podemos con el chavismo y con el fugado presidente de Bolivia, Evo Morales. La defensa que sigue haciendo Rodríguez Zapatero de un tirano como Nicolás Maduro, que está masacrando a su pueblo y torturando en la cárcel a la oposición.
La forma como intenta adoctrinar a nuestros hijos, vetando el pin parental y cualquier medida que nos permita a los padres proteger la inocencia de los más pequeños. El episodio de la profanación de los restos mortales de un Jefe de Estado, hecho sin precedentes en España ni en Europa.
Los diputados del PSOE en el Parlamento Europeo votando en contra de que se investiguen los más de 400 asesinatos de ETA que todavía están sin resolver. Podríamos empezar y no acabar. Y todo esto lo estamos permitiendo los españoles, que seguimos cruzados de brazos pensando que esto es lo mejor, lo más digno, lo más apto, lo más decente que podemos tener en el gobierno.
En España hemos tenido muchas clases de mandatarios. Decentes e indecentes, cultos e ignorantes, leales y traidores, valientes y cobardes. Pero esta asociación de menesterosos y desocupados que han aterrizado en La Moncloa de repente, con este ansia de poder, con esta obsesión por trastocar todo lo que constituye las vidas, los derechos y las libertades de los españoles, probablemente no tenga tampoco precedentes.
Un gobierno con su legitimidad más que en entredicho por las continuas mentiras de Pedro Sánchez y por comportamientos como el de Ábalos, un ministro que se atreve a decir que a él «no le echa nadie». Exactamente igual que en las peores dictaduras.
Rafael Nieto ( El Correo de Madrid )
viñeta de Linda Galmor