No tienen sentido de la responsabilidad ni son capaces de calibrar la medida de sus actos. Su miope perspectiva no va más allá de donde llegan sus intereses personales; los económicos y el de su enorme e incomprensible ego (si no valen pa na).

Pero como tampoco son demasiado inteligentes, son incapaces de resolver en positivo, y en cambio son capaces de crear gravísimos problemas sin estar capacitados para salir de ellos con la solvencia que requieren

El señor Pablo Casado es como la tramoya en el escenario de un teatro; que al otro lado de esa fachada, no hay absolutamente nada.

Eso es lo que ha venido demostrado el presidente del PP que hay detrás de su fachada personal.

Tanto Pablo Casado, como Pedro Sánchez, pertenecen al amplio grupo humano que tienen la afín peculiaridad de transformar en mierda, todo aquello que la jodida casualidad, les pone en sus manos, porque ellos con sus valores, sus conocimientos y su propio esfuerzo serían incapaces de conseguir.

Pedro Sánchez, en cuanto a su posibilidad personal como Presidente de Gobierno, de aportar algo a España, ha sido nulo en positivo. Y en negativo: España, unidad nacional desde 1492, en peligro de desaparición, convertida en un feo mosaico de infinitas pedanías.

Pablo Casado es un personaje absolutamente incapacitado -rodeándose de personas de sus mismas escasas condiciones- como tiene demostrado, para presidir un partido tan importante como ha venido siendo hasta su llegada el PP, que ha sido Gobierno y en dos ocasiones. El Partido Popular, fundado el 20 de enero de 1989, actualmente en peligro de extinción. RIP.

¡Mira si se tiene avisado! No se puede dejar a los bueyes pacer a sus anchas por las praderas pues, en un descuido, se pueden meter en la zona de huertos y destrozar la cosecha en la que tanto esfuerzo, sufrimiento y dinero se ha invertido.

En la política española la entrada de los bueyes en los huertos se ha venido sucediendo desde hace ya mucho tiempo; más de cuatro décadas; cada vez es más difícil volver a doblar el espinazo y golpear con el azadón y, aún así, lo hemos venido haciendo.

Estos políticos, los aparecidos tras la muerte del Generalísimo, plagiaron una «Instancia títere» con el título de El Defensor del Pueblo («El defensor del pueblo es una autoridad del Estado encargada de garantizar los derechos de los habitantes ante abusos que puedan hacer los poderes políticos, en su caso, legislativo de ese mismo Estado») como alguien que se hiciera cargo de la defensa de los pueblerinos, que así se nos clasifica a todos los españoles, en el imposible supuesto de que desde un gobierno democrático, no se les respetaran sus derechos (¡qué cachondos!), para eso siempre se «coloca con buen sueldo» a algún desafortunado del partido político de turno, y sin que sus decisiones en contra de la administración sean vinculantes. O lo que es igual, el gobierno, lo que pueda decir «su defensor» se lo pasa olímpicamente por el mismísimo arco del triunfo.

Eloy R. Mirayo ( El Correo de España )