COMPASIÓN CON OTROS

Será difícil que encuentren en la jurisprudencia textos que digan impartir Justicia por empatía con la víctima, así, tal cual. Alguna vez, por cierto, habrá que analizar la trazabilidad de la palabrita de marras, que algunos querrían que nombrara a una asignatura y otros que estuviera incluida en disposiciones del BOE. Tiene un reportaje averiguar el momento en el que desapareció la compasión y nació esa manera de disimular el divorcio con nuestras raíces judeocristianas, que diría un pureta.

La dificultad obvia de la empatía es elegir al otro aunque la izquierda cultural mundial lo tiene claro: siempre es la víctima, que da un confort moral muy calentito. La mezcla con las identidades hace el trabajo muy sencillo, hasta el punto de que podían hacer esa definición requerimiento curricular para la Selectividad: víctima será toda aquella que pertenezca a colectivos tradicionalmente oprimidos, ya sean mujeres, minorías étnicas, sexuales o religiosas. La identidad individual y los hechos probados serán juzgados siempre, no ya bajo la perspectiva de género, sino de algo que en una futura ley se llamará «perspectiva empática con el oprimido».

Sin esa legislación, otros por el momento podemos elegir en los pies de quién nos ponemos, a riesgo de ser machistas, fachas, crueles y malas personas, la identidad que nos imponen. Nos colocamos en los zapatos de un juez que tuvo fácil sumarse a la mayoría porque no ganaba nada haciendo lo que consideró correcto. De una chica ecuatoriana presuntamente violada una noche por una pandilla de niñatos ricos argelinos en Alicante.

De Julio, que ha dejado una huelga de hambre en Sol por llevar 500 días sin ver a su hija, periodo en el que se le ha absuelto de malos tratos y en el que se ha condenado a la madre por quebrantamiento de régimen de visitas. De otro padre que lucha en un lugar remoto en Rusia por recuperar a su hija secuestrada. De maltratadas que llegan a juzgados colapsados por denuncias que no son siempre de buena fe. De ancianos maltratados en residencias y en casas, de madres a las que pegan sus hijos. Víctimas para elegir, unas con foco y otras no. Todavía está permitido tener compasión con ellos. Empatizar.

Berta González de Vega ( El Mundo )