La competencia es vivificadora. Si la cercenan, se está castrando uno de los mayores incentivos que el ser humano tiene para progresar.

Traigo esta reflexión a propósito del necesario, pero también inquietante, proceso de concentración bancario que se está dando en España. La última macrooperación anunciada, la fusión de Caixabank y Bankia no parece que vaya a ser la única. Algo más nos espera en los próximos meses en este terreno.

Al reducirse la oferta, el consumidor, el ciudadano, sale perdiendo. Hasta el punto, que la banca se está volviendo especialmente hostil para su cliente, en especial el más pequeño

Se cierran oficinas y se generan enormes colas en la que queda, mientras que la banca digital y Telefónica se convierten en muros infranqueables, que hacen que el banco ya no solo retire el paraguas cuando llueve, sino también cuando luce el sol.

Son entendibles las necesidades de eficiencia de un negocio que se mueve con escaso margen. Como es entendible la necesidad de musculatura y tamaño. Pero para que la corriente sanguínea de la economía, que es la banca, llegue a todas partes se necesita más empatía con el cliente.

El Astrolabio ( ABC )