COMUNISTAS QUE SE CASAN COMO ARISTÓCRATAS.

A Garzón le exigen pureza desde la derecha ‘bon vivant’. Si usted da lecciones, don comunistón, lo menos que puede hacer es casarse en la bodega de un pesquero.

La boda de Alberto Garzón, como la de Lady Di, es un acontecimiento que rebasa las fronteras y produce riadas de comentarios, igual que la ingestión excesiva de marisco provoca gota. A mí me pilló en París, de vacaciones. Desde una terracita en el barrio de Le Marais me preguntaba cómo de contradictorio le iba a parecer a mi cuadrilla de trols que, después de tanto criticar el modelo turístico de Barcelona, me fuera yo una semana de vacaciones a una ciudad turística como París. Las reacciones cavernícolas a la boda de Garzón me han dado la respuesta. Al final del artículo volveré a esto.

Para el miserable, la única existencia válida y admirable es la de quienes viven de manera miserable. Todos somos un poco miserables, así que sentimos simpatía por las historias de los artistas malditos a los que nadie reconoció su talento. Nos enteramos de estas historias después de que la muerte recicle la figura ajada y la eleve a la categoría de mito, pero no nos importa. Vivimos de manera virtual, y de manera virtual sopesamos a los otros. Así Van Gogh, admirable cuando lo miramos a través del precio contemporáneo de sus cuadros.

Habría que preguntarle a él si, de volver a nacer, no preferiría hacerlo como un panadero sin talentos exóticos. Habría que preguntarse cuántos Van Gogh desaparecieron sin dejar rastro. Pero Van Gogh no descuelga el teléfono. Y aunque lo descolgase, tampoco tendría oreja donde ponérselo.

El comunismo persigue el sueño de que los obreros vivan como burgueses, pero en la práctica termina acusando de burgués a cualquier cabecita disidente.

Juan Soto Ivars ( El Confidencial )

viñeta de Linda Galmor