CON HAMACA Y EN CHANCLAS, AL PIE DE LA ALCANTARILLA

«Desde aquí reitero el compromiso de nuestra formación política con la ley, con las instituciones y con limpiar nuestra democracia de basura. Si Podemos no está en el Gobierno, las cloacas del Estado van a seguir existiendo». Al menos dos elecciones lleva Pablo Iglesias presentándose ante los españoles como víctima de las llamadas «cloacas del Estado» presuntamente dispuestas para evitar su «asalto al cielo».

Todo ello a cuenta de la tarjeta del móvil, con información personal e íntima, robado en su día a una asesora suya, Dina Bousselham. Pues nada de nada. En realidad la Audiencia Nacional ha dado la vuelta a la tortilla y ha sacado al líder podemita la condición de «perjudicado» en este culebrón y ya nos lo dibuja más bien chapoteando encantado en esa ciénaga pues resulta que él conoció el contenido de esa tarjeta antes que el malvado Villarejo, gobernador indiscutible de ese submundo de alcantarilla.

El juez no solo sospecha que Iglesias tuvo la información antes que el excomisario -aquel que compartía francachelas homófobas con Dolores Delgado, hoy fiscal general del Estado- sino que pudo retener la tarjeta hasta 39 meses antes de devolverla, dañada y trapicheada, a su propietaria.

Y no la devolvía -insiste el juez- «pese a conocer el carácter particularmente degradante y vejatorio que para su compañera de partido tenían las fotos, documentos y otros archivos de su esfera más íntima que habían acabado en manos de un medio de comunicación».

No termina ahí la historia de la tarjeta ni los largos a estilo libre que se han hecho los podemitas en esa cloaca. Aparece también, en la calle seis, el marido de Bousselham, que se llevó a Londres la tarjeta dañada para a ver si una empresa especializada en rescatar archivos informáticos salvaba de alguna manera lo borrado. Al parecer en España no hay informáticos..

Hasta orillas del Támesis ha tenido el juez que enviar a sus sabuesos. Antes, la propia Bousselham afirmó que iba mandar el maltrecho chip a Alemania para rescatar su contenido, aunque nunca lo hizo, o vaya usted ha saber porque en el juzgado han perdido la cuenta de las veces que la asesora podemita ha cambiado su versión.

La última es la más enternecedora: ahora que al vicepresidente se le ha puesto la cosa cuesta arriba, desprovisto ya de la condición de «perjudicado», dice que le perdona y que ya no tiene ningún interés en saber quién le robo el móvil y la información que contenía.

Coincide todo con el apoyo expreso de Podemos al periódico digital (por llamar aquello de alguna manera) que acaba de sacar Dina, una metralleta de manipulaciones de brocha gorda entregada a la defensa de Iglesias. Bousselham no es periodista y su gran aportación al oficio es la invención del «editorial firmado». Un hallazgo. Como remate, ahora la Fiscalía también se ha vuelto pastueña y favorable al «pelillos a la mar y aquí no ha pasado nada». Dolores Delgado no para.

Lo cierto es que en este pútrido albañal ya tenemos al menos, y solo por la parte populista, a Iglesias, a Bousselham y a su esposo, y tres escenarios en sendos países (España, Reino Unido y Alemania) por donde habrían discurrido dos delitos que podrían mandar al Tribunal Supremo a quien dijo que si entraba en el Gobierno iba acabar con las «cloacas del Estado».

Pues hala, ya está allí. Escobón y lejía, pero antes que se frote él bien fuerte de los pies a la guedeja.

Álvaro Martínez ( ABC )