En este nuestro país desde hace décadas no pasa nada bueno y para comprobarlo reflexionemos sobre lo acontecido en un año de pandemia marcado por la improvisación, el despropósito y el fracaso en el control y mitigación del impacto sanitario y económico de la covid.

Hemos vivido catástrofes dantescas en nuestras residencias de mayores, soportado al ministro Illa y a su monaguillo Simón errando constante y permanentemente en las previsiones y en las acciones a tomar.

Hemos comprobado como los responsables autonómicos vivieron con las manos en los bolsillos la letal primera ola sin decir ni pío, a pesar de gozar y disfrutar de las golosas trasferencias sanitarias. Los responsables siguen en sus cargos. Si les preguntamos posiblemente nos insulten con sus justificaciones.

Nuestros gobernantes ejecutaron una desafortunada y acelerada desescalada que sólo consiguió rearmar al maldito virus y contribuir a crispar a nuestra pobre economía. Han ejecutado una desgestión dolosa de la crisis sanitaria. Siguen, no se van, han descubierto que la bronca y la descalificación del adversario les basta para seguir en sus sillones.

La clase médica, que soportó sin protección el combate con el virus, nos había advertido de lo que habría de acontecer y nos ha propuesto las medidas a tomar con la antelación suficiente para evitar el sufrimiento humano y el colapso económico sin que se diera, por cobardía, la paralela respuesta por parte de los responsables políticos.

La población si ha respondido exquisitamente a la puesta en práctica de  las medidas de higiene personal con las escasas excepciones de energúmenos que comprometen la vida de todos acompañando en sus modales a los desatinos de nuestra clase política.

Llega la vacuna, sin planificación, con improvisación, con agujas que sirven y otras que desperdician una dosis de cada cinco, con lentitud, con la incidencia desbocada, la mortalidad en alza y las UCI cuasi colapsadas.

Aparece la picaresca y algunos concejales, listillos ellos, se vacunan y le roban la dosis a un celador de urgencias o a un dependiente o a una enfermera, les da lo mismo. Desacreditan al resto de concejales, la mayoría, sin duda, personas rectas y responsables.

Siguen el mismo ejemplo los responsables de algunas consejerías de Sanidad. El de Murcia, médico, se justifica y cesa. Otros se justifican de peor manera y siguen como si nada.

En algún hospital se vacuna a cientos de profesionales jubilados no incluidos en grupos de riesgo a pesar de que el personal de primera línea no está totalmente inmunizado. Su consejero, su gerente siguen como si nada hubiera pasado.

El colmo, el hiperescándalo llega en el ministerio de Margarita. No se había enterado de que el Jefe del Estado Mayor y otros cargos militares habían recibido la vacuna de la covid “por sus galones”. Ejemplo de “sus” virtudes militares. Se justifica así mismo diciendo que está mayor el hombre, pero sigue en activo. La tropa, menos mal, dando ejemplo de disciplina y servicio sigue y además en primera  línea.

Y cuento todo esto, que sabemos, para darnos cuenta de que todo está permitido, que no pasa nada, que no hay ejemplaridad en nada ni en nadie salvo en los de siempre, los españolitos de a pie.

Qué responsabilidad cero es la seña de identidad de quienes nos gobiernan o dan las órdenes con o sin uniforme. Que solo ha cesado en toda esta crisis un excelente médico que apunta en su hoja de servicio miles de vidas salvadas antes de la covid. Ha dejado la puerta abierta, pero nadie le sigue.

Pobre la España de hoy donde hasta los Generales saltan del barco los primeros permitiendo para deshonra de su uniforme, del suyo solo, que sean los españoles anónimos, militares o civiles los que combatan, mueran y ganen esta guerra.

Váyase General o quédese porque estando Margarita de ministra y Sánchez de presidente darán el mando a otro igual o peor que usted.

Carlos Navarro Arribas ( El Correo de España )