Casoplón aparte, la mayor mutación de Pablo Iglesias ha sido pasar del célebre «el cielo no se toma por consenso sino por asalto» al abrazo sumiso a Sánchez tras ser aceptado como animal de compañía. De ese pacto es consecuencia el actual Gobierno al que Vox aspira a sustituir por la vía de la censura. Si algo hay que aprender de la experiencia de Iglesias es que la alternativa al Gobierno Frankenstein será desde el acuerdo o no será.

PP y Vox no son lo mismo, por mucho que Sánchez se esfuerce en repetirlo machaconamente. La propaganda monclovita establece dos premisas: primero, que Vox es ultraderecha; y después, que el PP y Vox son lo mismo. ¿Adivina usted la conclusión?

 Un cordón sanitario a todo lo que suene a conservador o liberal anudado con el entusiasmo de populistas de izquierdas, independentistas, bildutarras… y el PNV (siempre de cara al sol que más calienta).

No, no son lo mismo. Ayer Abascal pronunció un discurso tan legítimo como rupturista que le distancia del PP y le acerca a lo que él describió como los «movimientos patrióticos europeos», tan ajenos a la tradición liberal conservadora continental y tan cercanos a Trump o a Le Pen. Ahí no está el PP, ni en España ni en Europa.

Casado hoy tiene la oportunidad de su vida política para enviar dos mensajes. Su coincidencia con Vox en el diagnóstico sobre este Gobierno y su discrepancia en la solución. El debate Casado/Abascal es lo más interesante de este Pleno de dos días. El cielo, o el infierno que van a dejar Sánchez e Iglesias, sólo se alcanzará desde la unidad y con el centro.

Así ha sido siempre y así seguirá siendo.

Juan Fernández-Miranda ( ABC )