Hasta ahora el pendenciero de la política española era Rufián, que haciendo honor a su apellido ha tenido actuaciones sobresalientes. Ahora bien, Gabriel Rufián es, lo quiera o no, español. Español de origen, raza y cultura.

Lo que no es el africano Mbayé ni lo será en su vida, por más años que pase entre nosotros y se olvide de los suyos. Que esto también es curioso. Pues lo normal sería que estos que llegan, una vez han conseguido instalarse, lo compartiesen con los suyos, tan atrasados y en la indigencia.

¿Qué respeto pide a España el osado africano Mbayé poniéndose de pie, brazo en alto y con el puño cerrado sí entró de “de forma ilegal” en nuestro país, puede que agrediendo a la policía que trató de  impedir que entrase de esa forma, y delinquió ejerciendo de “mantero”?

Acusa a la señora Monasterio de racista por decir lo que el 90% de los es pañoles decimos y sentimos. Seguro que diría lo mismo si se enamorase de una chica blanca y no le correspondiera. Vienen sabidos.

Venir muerto de hambre y sin futuro de su país, con una mano delante y otra detrás, y de repente ejercer de diputado, serían razones más que suficientes para ser comedido y respetuoso. Por lo menos agradecido de por vida.

Y claro que el multiculturalismo es un gravísimo problema para todos los españoles, como lo es para los franceses, belgas o alemanes. Un problema que hay que solucionar antes de que sea demasiado tarde.

El caso de estas gentes es que, aunque les veamos como unos indigentes que llegan para poder vivir, una gran mayoría vienen crecidos. Lo vemos  a diario. Hasta si no les das algo de dinero cuando se apostan a la entrada de los supermercados te llaman racista.

Tenemos un problema.

Pablo Gasco de la Rocha ( El Correo de España )