CONTAD LOS LÁZAROS

Los nuevos partidos piensan que vivimos el ocaso de la Segunda Restauración, porque como en aquella, se ha detenido la vida nacional y el mogollón se ha trasladado a la grilladera de los escraches, los platós y las redes. Hay, efectivamente, un agotamiento de las ideas y hasta del vocabulario del bipartidismo, pero la última Restauración ha sido, hasta ahora, un éxito. No hemos llegado a aquel panorama de fantasmas donde relució del pucherazo. Siguen -como denunció Ortega- la corrupción organizada, los partidos como empresas de fantasmagoría y el odio a los mejores, pero aún es peor la alternativa que proponen los que quieren romper la Constitución.

El pucherazo nació en el primer ensayo del turnismo, el bipatidismo y el bloque monárquico. Se inflaban los censos y votaban los cuneros y los Lázaros (que así llamaban a los doblados) . “A lo muertos -escribió Julio Camba– no se les puede emborrachar, ni se les puede comprar el voto por cinco duros; los muertos no necesitan caminos, ni puentes, ni fábricas”. La expresión pucherazo viene de la costumbre de guardar las papeletas en pucheros para añadirlas, como si fuera sal, en los recuentos. Ese lance de picaresca política se abolió en la República y se extinguió en la última democracia.

Persisten algunos vicios de entones como la costumbre de inflar los censos en los que ha caído del PP, después de la desbandada por la corrupción y la indecisión en Cataluña. Unos huyeron a Ciudadanos, otros pasaron de militancia. “El PP está en torno a setecientos y pico mil afilados”, le dijo María Dolores de Cospedal a Federico Jiménez Losantos. Federico contraatacó a una de las niñas asesinas repreguntando: “¿Pero no tenía más de 800.000? Ahora resulta que tienen menos población que Teruel”. María Dolores comentó que “para votar hay que estar al corriente de pago y hay gente que no paga las cuotas”. O sea que hay menos afiliados que cargos públicos. Habían fardado de ser el partido más grande de Europa, junto a la CDU y el SPD: nos habían contado una milonga. “Contad los muertos”, como dijo el soldado de Rocroi; eso no lo podrán hacer los del aparato en el recuento de las primarias .

Pero que los nuevos partidos no se confíen porque, como ha probado el Lázaro Pedro Sánchez, el bipartidismo ha perdido poder, no la memoria del poder. Viven de las rentas y del recuerdo de los presidentes, ministros y alcaldes que tuvieron. Esta no es una democracia decrépita, con un Estado agónico, aunque los partidos sean grupos reducidos de políticos profesionales, apoyados por los de la fe del carbonero, los activistas, politólogos, fontaneros, tuiteros y los trincantes que aspiran a vivir del presupuesto.

Raúl del Pozo ( El Mundo )