CONTAMINACIÓN DE POLÍTICA

Igual que ocurre con otros asuntos medulares, como la Justicia o la Educación, los diferentes partidos parecen decididos a hacer política de vuelo bajo hasta con la polución. Un fenómeno que, unido a la sequía y a los efectos del calentamiento global, deteriora el ecosistema no sólo de Madrid sino de una veintena de ciudades españolas. El caso de la capital, no obstante, es paradigmático. La boina de contaminación que sufre Madrid, provocada por las altas concentraciones de dióxido de nitrógeno (NO2) y la ausencia de precipitaciones y de viento, ha disparado las alarmas. Mientras el Ayuntamiento aplica su protocolo anticontaminación, que implica limitar la velocidad en la M-30 y prohibir aparcar en la almendra central a los no residentes, el Gobierno regional sugiere regular la circulación de vehículos en función de lo que contaminan, o reducir el uso de las calefacciones.

Es bueno que las instituciones, al margen de su color político, asuman que la polución es una lacra que tiene consecuencias demoledoras no sólo sobre el entorno sino sobre nuestras vidas.Lo que es inadmisible es que de la parálisis se pase a la descoordinación, y de ésta a un uso partidista de un problema que afecta a todos los ciudadanos sin distingo de ideologías. Cifuentes y Carmena pueden seguir enzarzadas en sus disputas. La realidad es que, tras una semana de restricciones, los registros de NO2 han aumentado en Madrid. Ninguno de los planes que Comunidad y Ayuntamiento han puesto encima de la mesa han servido para mejorar la calidad del aire en la capital. Y eso es lo único que debería preocupar a ambas.

El Mundo