CONTAR MUERTOS

España en un país de muchos muertos y pocos ataúdes porque la pandemia ha desbordado el negocio de la muerte,  y el estúpido e indecente maquillaje de la realidad ha hurtado a los sentimientos de muchos ciudadanos el derecho a honrar a sus difuntos con algo de certeza.

El respeto a la memoria de los que se van es una de las decencias que nadie se debería permitir traspasar en dirección contraria, porque cualquier país tiene que se precie tiene su ArlingtonHoy comienza en España diez días de luto nacional e imagino que algunos estrenarán una corbata negra, pero si ni lo hacen tampoco importa porque  “las monas, monas se quedan”.

Esto de los difuntos es algo que no todo el mundo se lo toma en serio por aquello de que los muertos no votan, pero salvo para los desalmados, los que se nos han ido en estos meses  es gente que merece ser identificada, contabilizada y honrada, algo que no sucede cuando las fuentes oficiales suman o restan fallecidos como quien regatea el precio de un producto en un mercadillo.

La primera vez que escuche la expresión ¡Me cago en tus muertos! fue en el Marruecos donde nací, y, ¡cosas de chavales! , ese improperio lo decíamos en varios idiomas para poder ofender a quien fuera menester sin riesgo de que no se enterase del insulto que le dirigíamos.

Con los años   entendí que  aquella era una injuria  inútil  y especialmente  cruel porque ofende demasiados sentimientos de los vivos  y no puede salpicar la autoestima de los que ya no están,  que merecen descansar en paz.

En el lenguaje popular a sus familiares se les llamas “sus deudos” y salvo en algunos casos de gente sin alma, lo único que desean en poder honrar su recuerdo y visitar su tumba, algo que en estos meses en los que se ha incrementado en miles y miles los fallecidos no es fácil hacerlo porque en algunos casos no existe ni siquiera la certeza de que las cenizas que te han dado son las de tu padre o las del vecino del quinto.

Yo solo espero que todos honremos estos días a  los fallecidos entre los que hay viejos considerados inservibles, gente joven, y profesionales del servicio público que han perdido la vida en esta pandemia durante la que los únicos que no han provocado vergüenza ajena han sido ellos y sus compañeros que han sobrevivido.

De no ser porque el prolífico escritor escocés Robert Louis Stevenson públicó su cuento “El ladrón de cadáveres” a finales del siglo XIX , habría argumento para una nueva novela.

Diego Armario