CONTRA EL TURISMO

Todo parece que es para dar la razón a las palabras del ministro de Consumo, Alberto Garzón (ojú, otro Garzón), no dejarlo por embustero y así de paso nos cargamos la economía española y ponemos a más de la mitad de la población dependiendo de la paguita de la renta mínima vital y los tenemos ya para siempre fieles como votantes.

Ya saben lo que ha dicho Garzón: «El turismo es estacional, precario y de bajo valor añadido». Así que Canarias, la Costa Brava y la Costa del Sol no existen: las ciudades históricas españolas no existen; las listas de espera para visitar la Alhambra nunca han existido, son entelequias que se han inventado los pijos que juegan al golf y se manifiestan cada tarde contra el Gobierno con las cacerolas en la calle Núñez de Balboa.

No he visto cosa igual que la cantidad de medidas que con el pretexto del virus ha tomado el Gobierno contra el turismo. Por ejemplo, la absurda cuarentena de 14 días que han impuesto a los viajeros extranjeros, aunque lleguen desde la zona Schengen.

Yo creía que esta descabelladísima idea de que los turistas que llegaran a España tenían que pasar una cuarentena de 14 días encerrados en una habitación de hotel, como todos los españoles al comienzo de la fase 0, sin poder salir a la calle más que para ir al supermercado o a la farmacia, era algo que aún tenía que aprobar el Congreso y debatir la oposición.

Pero desde el viernes, todos los viajeros que llegan han de cumplir ya esa cuarentena. Sí, pienso lo que usted: si un turista viene a España dos semanas de vacaciones y ha de pasarse 14 días encerrado en su habitación de hotel ¿para qué va a venir? Se va a otro país.

Y lo han aplicado así, de sopetón, mientras en el resto de Europa, todo lo contrario: estaban discutiendo los pasillos turísticos para que la gente se vaya de vacaciones sin mayor problema por el Covid, o se habla del «pasaporte sanitario» para garantizar que no se va a contagiar a nadie.

No he visto mayor barbaridad contra el turismo que esta orden de aplicar la cuarentena a los viajeros que llegan. Y además, con las fronteras cerradas, y abiertos unos pocos aeropuertos sólo: Madrid, Palma, Barcelona, Gran Canaria y Málaga, mientras en el resto de Europa se empieza a hablar de fronteras abiertas.

¿Y lo de los hoteles españoles? ¿Para qué queremos que no sé qué fase de la desescalada autorice que se abran los hoteles, si en ellos tienen que estar cerradas las zonas comunes, el «lobby», los salones, la cafetería y me imagino que el comedor de desayunos? ¿Para qué vas a ir a un hotel? ¿Para estar encerrado en tu habitación, como si fueses un turista al que aplican la cuarentena?

Pero es que, encima, como no puedes salir de tu propia provincia, ¿para qué quieres que tu familiares de fuera que han venido tampoco pueden alojares en ellos si no cabéis, porque están cerradas las fronteras provinciales y las Fuerzas de Seguridad te devuelven a tu casa por donde has venido si te pillan tratando de ir a otra provincia a ver a unos parientes?

Por no hablar de los restaurantes y los bares. El que no tenga terraza de veladores está condenado a la ruina. Y el que la tenga, a reducir el número de mesas al 50 por ciento, de modo que apenas podrá cubrir gastos.

Así tantos negocios de hostelería no se han molestado en levantar el cierre, a pesar de la ruina que tienen encima con estos más de sesenta días de total paralización de la economía española con el pretexto de salvar vidas. ¿Salvar vidas? ¿Y los miles de muertos, dónde los dejamos? ¿Los han evitado estas medidas contra nuestro turismo?

Como todas las medidas contra nuestra paralizada economía y las aterradoras cifras de paro y de cierre de empresas. O economía o salud, dicen que es el dilema. Pues ni economía ni salud, hijo. Sólo despropósitos.

Antonio Burgos ( ABC )