Según la leyenda, se llegó a ofrecer un millón de francos y el retorno a casa a quién delatara al autor de la hermosa tonada. La canción fue coreada por los soldados de los más de cincuenta regimientos que se amotinaron – gloriosos motines- en mayo de 1917 tras la aciaga ofensiva del general Nivelle en la meseta de Chemin des Dames, donde se ubica Craonne.

El adiós.

Adiós a la vida, adiós al amor,
Adiós a todas las mujeres.
Se acabó, para siempre,
Esta guerra infame.
Es en Craonne, en la meseta,
Donde hay que dejarse la piel.
Pues todos estamos condenados,
¡ Somos nosotros los sacrificados !

Hoy, más de cien años después, todos condenados, todos sacrificados. Plena vigencia. El hecho es que, con virus real o falso, fabricado en laboratorio o no, soltado accidentalmente o no, con guerra entre facciones o guerra contra la población.

Eso sí, lo único cierto es que lo vivido durante el último medio año está viniendo muy bien para el implacable control mental de la población y para el establecimiento de un conjunto de medidas totalitarias que atentan contra una libertad que cada día era más menguante.

Y nos van preparando para un escenario post falsa pandemia que nos puede sumergir totalmente en una pesadilla totalitaria que haría palidecer a cualquier distopía o capítulo de Black Mirror, incluso al más aterrador que recordar podamos.

La sumisión total no viene tan solo de la mano de dictaduras. En estos momentos advertimos que puede venir directamente de la mano de las denominadas democracias. Tanto la comunista china como la democrática Usa adoptan medidas semejantes. Qué decir de nuestra desolada patria.

La mayor parte de la humanidad, durante los meses de marzo y abril, secuestrada en sus hogares, sometida a continuos lavados de cerebro y obligada a relacionarse a través de medios telemáticos, con los cambios conductuales, cognitivos y con la deshumanización que ello conlleva.

Y regreso a Craonne. A sus indisciplinados- qué placer la indisciplina-, valientes y admirables muchachos, inútilmente sacrificados. Y cantaré. Y no pararé de cantar contra esta guerra infame, ahora la nuestra. En fin.

Luys Coleto ( El Correo de España )