CONTRA LA CORONA

Desengáñese. Lo del analfabetismo funcional del presidente en Palacio es lo de menos. Su perfidia hacia la Corona ha ido mucho más lejos esta semana, haciéndola víctima de su doble juego. Los hechos son conocidos: mientras el pasado jueves se firmaba un acuerdo entre los secretarios generales del PSOE y Podemos en el Palacio de la Moncloa que garantiza la ruina de nuestra economía, ese mismo socio de Podemos pedía en el Parlamento de Cataluña la abolición de la Monarquía. Nada menos.

Es decir, arrasar con el sistema político que ha dado a España el mayor progreso y estabilidad de los últimos dos siglos, en los que hemos tenido, al menos, cuatro guerras civiles. Un sistema que se ha fundado en la concesión, la tolerancia y el respeto por la discrepancia. Pues nada, al hoyo con ello.

El Gobierno del doctor Sánchez emitió por la tarde un comunicado al respecto, más o menos contrario, en el que hablaba de la inexplicable participación en aquella iniciativa del que había sido su socio en la firma matinal del proyecto de presupuestos. Era una forma de maquillar la realidad. Podemos y su facción catalana, En Comú-Podem, no se limitó a participar en la iniciativa.

Podemos la encabezó después de no haber apoyado esta misma semana una iniciativa semejante de los independentistas catalanes por razones políticas colaterales. Y a su barco se han subido ERC y PDECat. Es conmovedor que después de esa actuación de sus socios, el Gobierno haya hecho una encendida defensa genérica de las instituciones para defender en el mismo paquete, y de la forma menos explícita posible, la Monarquía. Pero no es nada creíble.

En el mismo día en que ocurría eso en Cataluña, y siguiendo la vía habitual de meter de tapadillo en una ley cosas que nada tienen que ver con lo que allí se discute, el acuerdo presupuestario entre el doctor Sánchez y el doctor Iglesias hacía una mención específica a la modificación de los artículos del Código Penal que regulan los delitos de ofensa a los sentimientos religiosos e injurias a la Corona.

Es decir, da un paso en la misma dirección que buscan los socios a los que necesita para aprobar sus presupuestos y mantenerse en el poder. Porque, que no haya lugar a equívocos: a Sánchez le importa mucho más seguir él en el poder que el que la Corona siga ordenando nuestra vida constitucional. Sánchez no moverá nunca un dedo por el Rey. Si ha hecho lo que ha hecho por llegar al poder, arrasando con las formas que tanto progreso y bienestar han dado a España en los últimos cuarenta años, ¿por qué iba a permitir que el deseo de sus socios por acabar con la Monarquía fuese un impedimento para que él siga presidiendo el Gobierno?

En esa línea estamos. Y acabar con los delitos de injurias a la Corona es una forma de fomentar su debilitación.

Pero habrá que reconocer que conviene ir dándose cuenta de con quién nos estamos jugando nuestra democracia. Ésta no es una batalla entre caballeros.

Esta semana hemos vivido el más grave ataque a la Monarquía desde su reinstauración en 1975. Y la gravedad no radica tanto en la iniciativa de partidos como Podemos o Esquerra Republicana, que también. Lo más grave es que se hace con el tácito entendimiento del Gobierno del Reino de España.

Ramón Pérez-Maura ( ABC )