¿Quién sabe lo que es la vida? La reconocemos, la podemos transmitir y también podemos modificar sus procesos bioquímicos, pero ¿sabemos lo que es esencialmente?

Cuando se estudia el crecimiento somos los hombres los que ponemos nombre a determinados tejidos, como los meristemos de los vegetales, o a algunos productos como las hormonas, pero si un ser vivo muere, deja de vivir, no es posible hacerle volver a la vida. Es un hilo que una vez que se rompe, es irrecuperable.

La humanidad en las modificaciones que introduce normalmente busca una mejora utilizando su razón o entendimiento y así alcanza determinados logros, algunos espectaculares. Pero aunque actúa sobre los seres vivos, no es capaz de dar la vida ni siquiera de recuperarla nada más desaparecer.

Estudiábamos que los seres vivos, nacen, crecen, (dejan de crecer), se reproducen y mueren, y al estar ahí toda la vida es una sinrazón, actuar contra esa vida que reconocen pero cuyo conocimiento tiene un punto donde empieza el misterio. ¿Con qué derecho se aborta la vida o se elimina a una persona anciana?

La humanidad llena de pretensión y olvido de su fragilidad, como ha demostrado el COVID19, trastoca no solo el nacimiento o la muerte, sino la reproducción humana, dando a entender que existe un tercer sexo, que por supuesto no puede ni imaginar, y pretende influir en el pensamiento manipulando el lenguaje con al introducir los tristemente famosos “todes” y “niñes”, confundiendo el sexo con la conducta sexual en la que fomentan las prácticas infértiles, lo que no deja de ser paradójico si pretenden que perdure en el tiempo.

Pero estas acciones son agresivas fundamentalmente con respecto a los hombres varones, y últimamente con respecto los “machos” de cualquier especie a los que acusándoles de violadores de las hembras de su especie y en el colmo del despropósito, autocalificándose de ser “antiespecista”, o contra la propia especie, no afirmando en qué categoría o taxón pretenden encuadrarse.

Así se leen frases como: “hermanas vacas son violadas en los mataderos o en las granjas lácteas”, o abogando por «un mundo donde no seamos asesinadas ni nosotras ni nuestras hermanas animales que desde que nacen son explotadas en la industria cárnica»

Estos movimientos dan lugar a posicionamientos antinaturales como, por ejemplo, defender que no se hable de “leche materna”, o ponerse a cantar con su coreografía, es decir, festivamente, “el violador eres tú”. ¿Pero cómo banalizan una acción tan depravada?

Empezó la ola monopolizando el arco iris, que nos transportaba a la promesa de que no habría más diluvios, para convertirlo en símbolo de actitudes y conductas infértiles.

Esta ideología que nos está invadiendo no ofrece más que planteamientos contrarios a la razón y a lo natural, por lo que es absurda y vituperable, que es lo que el diccionario de la lengua dice al definir el vocablo “contradiós”, pues va contra el logos y contra la naturaleza.

José Luis Montero ( El Correo de España )