CONVERTIRNOS EN SU TESIS

Aunque puede que fuera la única verdad que ha dicho Pedro Sánchez desde que llegó a nuestras vidas, su comentario sobre el Gobierno y la Fiscalía despertó el natural escándalo y, ya fuera por la negligencia del lapsus, por la falta de respeto institucional que delataba, o por tratarse de un deslizamiento tan torpe que invitaba a pensar mal, la magnitud del error exigió que el presidente, de gira por los lugares más cálidos, se explicara.

Sus explicaciones fueron dos: «No fui preciso». No siempre uno es preciso. Se dicen muchas cosas. Y dos: «Prometer traer a Puigdemont fue una de esas expresiones que se utilizan en los debates». De modo que Sánchez invita abiertamente a disculparle y a no tomar en serio sus palabras, o por imprecisas o por ser una de esas cosas que se dicen por decir.

Es como si Sánchez aspirara (y por momentos parece que pudiera conseguirlo) a que sus palabras ya no sean vinculantes nunca más. Que pueda decir lo que sea sin consecuencias. Que aquella doctrina que sentó y distinguía entre el candidato y el presidente (lo que decía uno no obligaba al otro) se generalice y su palabreo no lleve exigida la obligación de la coherencia, la consistencia o la verdad. Ya dirá él si lo dijo en serio o no.

En los países serios o que aspiran al menos a fingirse serios, mentir inhabilita a un presidente. Llevamos años leyendo a los del impeachment de Trump, pero ¿cuándo se va a plantear un cuestionamiento siquiera ético de este presidente de la decadencia española?

Si el mutismo y perogrullo de Rajoy resultaban, llegado el momento, poco digeribles, lo de Sánchez supera todos los límites y personifica una crisis superior, nacional, que alcanzó su apogeo en el último debate, donde eludió hablar de Cataluña, del paro, de la deuda, de sus compromisos de pacto, y de la nación, y todo ello con un gesto chulesco y desdeñoso, eximido también, al parecer, de la obligación de mirar a la cara a los españoles.

El asunto de la tesis no era baladí. Sánchez no solo ha eludido su responsabilidad, es que desde entonces ha extendido su modo de ser y actuar a la vida pública. PSOE y Gobierno están en manos de una persona que aspira a que sus palabras no sean tomadas ni completamente en serio ni completamente en broma, como si fuera un humorista (Camba) y no un presidente.

Es decir, que España empieza a ser la tesis de Sánchez, donde la autoría es algo líquido y la responsabilidad, inexistente.

Huhges ( ABC )

viñeta de Linda Galmor