CORONAVIRUS: LA COARTADA PERFECTA PARA IMPLANTAR UNA DICTADURA

Mediodía del lunes 30 de marzo de 2020. El coronavirus ha dejado ya en España un reguero de 7.424 muertos. La frialdad de la cifra estremece más aún si la comparamos con los datos suministrados a final de las dos últimas semanas: el domingo 15, los fallecidos eran 292; el domingo 22, ascendían a 1.813.

¿Es tiempo de exigir responsabilidades por esta situación? Cuando se carece de los conocimientos necesarios para afrontar cualquier circunstancia, existe un método infalible para poder tener una opinión aproximada sobre ella: esperar a ver qué dice el rojerío al respecto.

¿Que, al hilo de un conflicto internacional donde Cristo perdió el gorro, se posiciona con unos? Pues nosotros, con los contrarios. ¿Que, ante el dilema de sacrificar a un perro para no extender una enfermedad que estaba ya erradicada en Europa, se tira a la calle llamando asesinos a las autoridades que así han decidido proceder? Pues nosotros, a erigirnos en los más acérrimos defensores de darle matarile al chucho… Y así siempre: seguro que no nos vamos a equivocar.

Retomando la cuestión suscitada: ¿cuál es el mantra que lleva repitiendo la izquierda durante la crisis desatada por la nefasta gestión gubernamental del COVID-19? Que ahora no es el momento de reproches, sino de estar unidos para salir de ésta.

De modo que, mientras arriba ese momento, a morder todos el anzuelo del buenismo y a seguir saliendo como borregos a nuestros balcones para hacer lo que a cualquier Flanders se le ocurra, hasta que llegue el más tonto de la clase —que será el más listo— y diga que nos tiremos por la ventana; seguro que habría cretinos que se lanzarían al vacío. Por supuesto, la culpa de que se despachurraran al estrellarse contra el suelo la tendrían los recortes de la derecha, que no subvencionó a las comunidades de vecinos para que instalaran redes de protección.

Mientras nos peleamos maniqueamente sobre si debemos protestar o permanecer calladitos, el Gobierno nos mantiene confinados en nuestros hogares. Sin darnos apenas cuenta, nos está utilizando como cobayas humanas en su laboratorio político-social y, cuando despertemos de esta pesadilla, quizá ya nada sea igual para nuestras vidas.

Y es que, durante esta crisis, socialistas y comunistas han ido experimentando y dándole cuerda a los relojes de sus más macabros proyectos: por ejemplo, aprobando por Real Decreto un estado de alarma que permite confiscar bienes y propiedades ajenos para —dicen— ponerlos al servicio del bien común, un entrenamiento previo para un posterior paseo callejero al grito chavista del «¡Exprópiese!»; por ejemplo, prohibiéndole a las empresas que se han quedado sin demanda de sus productos despedir a unos trabajadores que se han quedado sin trabajo, pues para eso les llueve el dinero del cielo a los ricachos de sus jefes; o, por ejemplo, endiñándole el sambenito de la desorganización médica a la sanidad privada, ésa en la que cualquier rojeras se hospitaliza en cuanto tiene oportunidad, pero que pagará el pato en un futuro mediato, bajo el pretexto —afirmarán— de que sólo empezó a funcionar bien cuando pasó a depender del poder político.

Pues en ésas estamos y a eso vamos: hacia algo que en mi tierra recibe el nombre de dictadura comunista. Así que, si no queremos vernos empapados por la tormenta perfecta que descargarán esos criminales nubarrones que ya han traspasado la línea de lontananza, no nos queda otra que despertar de nuestro letargo y comenzar a activarnos; para empezar, no dejándonos llevar por las mentiras y exigiendo las responsabilidades políticas y penales a aquellos cuya ineptitud ha posibilitado que lleguemos hasta esta situación.

A lo largo de su historia, son muchas las dificultades a las que ha debido enfrentarse el heroico pueblo español, pese a las cuales éste siempre ha salido airoso del envite, demostrando estar muy por encima de sus gobernantes y logrando sobreponerse a ellos. No será ésta la excepción que confirme la regla. La hacienda, y hasta la vida, nos va en ello.

Juan Ignacio Cortes Guardiola (  El Correo de España )

viñeta de Linda Galmor