CORONAVIRUS, UN MUNDO DE ZOMBIS Y SIN LIBERTAD

Mi adhesión al mundo, ya en principio limitada, poco a poco se vuelve inexistente, hasta que ya nada pueda interrumpir el paulatino deslizamiento hacia la nada. Mi única ambición, escapar a la demencia pura y simple.

Infrahumanidad

Mascarillas por doquier. Guantes de látex. Hostias en el super. Payasos aplaudiendo al opresor Leviatán sanitario a las diez de la noche. Se canturrea Macarena. Zurcidos madrileños postreros. Zombis subhumanos. La turba perturba. Y la turba miedosa, más.

La idiotización de la sociedad, herramienta de control y dominación. La gente se halla hasta tal extremo vampirizada por el sistema establecido que es incapaz de imaginar opciones o disyuntivas o derrapes a los despóticos designios bosquejados por la dictadura planetaria.

Cinco claves para entender un futuro sin libertad

I. Eugenesia. Pavorosa disminución de la población mundial. Guerra económica. Rentas básicas pululando. Reducir población envejecida. Ya no producen, generan altísimo gasto social y sanitario. La eutanasia auxiliando.

II. Vacunación obligatoria.

III. Eliminar paulatinamente el dinero físico, último valladar de anonimato y libertad, con el burdo pretexto de ser poco aséptico. El chip subcutáneo o intracraneal, plausible opción futura.

IV. Culminación de la guerra psicológica contra la población, ya explícita, ejecutando y perfeccionando métodos de control y vigilancia masivos de la población, nuevas tecnologías mediante. 5-G, clave.

V. Suplantar al ser humano, puro transhumanismo. Adenda, arruinando deliberadamente su ADN mediante la vacuna que «combata» el (falso) coronapollas.

¿Nuestra derrota?

La historia ya no existe, el futuro no existe, sólo un coagulado presente. Zombilandia nos recuerda que el mundo es tal como es y es imposible cambiarlo. Atroz historicismo triunfante. La abyecta alianza entre el grancapitalismo y el poder tiránico del Estado deviene tan connatural como ineludible. Como la propia fuerza de gravedad.

La última y vírica mascarada, mentiras flagrantes y sistemáticas, por acción y omisión. Los siniestros «expertos» nos trasladan concluyentemente al terreno del simulacro. De la servidumbre voluntaria a la necesidad de servidumbre.

Creo que se aproxima la derrota de los hombres libres. Ójala, no. En fin.

Luys Coleto ( El Correo de Madrid )