CORRERÁN LAS LISTAS

Puigdemont quiere ser investido presidente por poderes, como si Cataluña fuera la novia. Le gustaría aparecer en Barcelona como Nerón en Roma, en un carro arrastrado por caballos blancos, pero en Barcelona le están esperando los picos para llevarlo ante el Tribunal Supremo; así que ha decidido trasladarse al Parlament por vía telemática como el Espíritu Santo sobre las cabezas de los apóstoles. Los partidos, incluso los de su cuerda, le preguntan cómo organizar la ceremonia de resurrección y el fugitivo no contesta.

Sugerir que actúa como un megalómano con trastorno de personalidad no sería una ardid chequista sino una deducción lógica. Sus delirios de grandeza se confunden con el último diagnóstico que Shakespeare, el gran diseñador de locos, argumentó: “Algunos nacen grandes, algunos logran la grandeza, a algunos la grandeza les es impuesta y a otros la grandeza les queda grande”. A éste le queda enorme. Sueña con oír a su pueblo lo que según Ortega les gustaba escuchar a los reyes: “No queremos se justos, sólo queremos ser grandes”.

Un Puigdemont trastornado que aún cree que manda, exige la liberación de los presos. Estamos ante un mentecato que aspira a que se rinda el Estado que lo ha borrado como ciudadano que pueda dedicarse a la política. Y un solo zumbado no sería un conflicto, el conflicto es que le den cuerda al muñeco los de su propio partido -“JxCat”-, y cientos de miles de personas que le votaron. Consideran, ahora en frío, que no hay alternativa a esa candidatura.

Va a recibir en Flandes a Marta Rovira, que le llevará el recado de ERC y de la CUP: los procesados o los huidos no deben encabezar las listas. Lo confirma un ilustre catalán de los que no han perdido la cabeza “Yo creo -me dice- que correrán las listas y no se elegirá a nadie que esté procesado”. Le pregunto cómo son las relaciones Puigdemont-Junqueras. “Se odian a muerte, pero eso no es de ahora. Lo de ahora es que el odio ha crecido cuando se ha descubierto que el uno crece a costa del otro, lo que el uno sube, el otro baja, que es, por cierto, lo mismo que va a terminar pasando entre Podemos y el PSOE, y entre PP y Ciudadanos”.

Junqueras, otro que tal baila, va a sentarse en la San Gadea del Tribunal Supremo para jurar o prometer que acatará la vía del diálogo para solucionar el conflicto que provocó la intentona que sofocó la implantación del artículo 155 de la Constitución . “Los independentistas -comenta mi interlocutor- ya no luchan por la libertad de Cataluña sino por su propia libertad. No pelean por entrar en el Govern sino por salir de la cárcel”.

Raúl del Pozo ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor