CORRUPCIÓN MÓRBIDA

Carmen Calvo, ministra de Cultura de Zapatero, afirmó en el Senado que «el dinero público no es de nadie» y, conocidos sus desbarres, nadie se llamó a escándalo. Era desopilante, presumía haber sido cocinera antes que «fraila», confundía los anglicismos con el anglicanismo, atribuía a Da Vinci sentencias de Víctor Hugo, pedía que la UNESCO legislara para todos los planetas y animaba a las españolas a ser «caballeras» y «quijotas».

Puede que fuera una provocadora u otra abducida por la ideología de género, fracción de terrorismo filológica y asesinato del epiceno. No fue corrupta y su desliz sobre el erario apunta subliminalmente a un entendimiento mórbido de los pocos que ven en la política un escabel. No se trata solo de dinero; el afrodisíaco de quien nunca abre una puerta porque se la abren…

Martín Prieto ( La Razón )