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Seis años a José Antonio Griñán (José Antonio por el Ausente, «llámame Pepe», y Griñán «por papá», oficial de Franco, el Profanado «por no separar los poderes») a cuenta de los 680 millones de los parados, ¿son muchos o pocos años?

En 2010, sin salir de Andalucía, Diego J. cumplía a pulso condena de dos años y cuatro meses por intentar robar gallinas en una finca de Jaén.

-Y digo yo que no creo que lo mío sea tan grave y podía usté apiadase de mis ñiños… y comusté tié que tener corazón le vi a disir una verdá… y es que las gallinas que íbamos a robal no eran gallinas, sino queran tres gallos de pelea…

Nuestro único pensador político en un siglo advirtió que la idea de una corrupción institucional de la izquierda choca siempre con dos prejuicios: el que concede el monopolio de la ética práctica a los partidos con ideales y el que sitúa en las instituciones la ética teórica que los intelectuales atribuyen al Estado. Por eso «el periódico de las elites» explica la corrupción de los partidos socialistas «como en la Edad Media se explicaba el pecado de escándalo de los obispos». Corrupción, en los partidos de intereses, no en los de ideales.

Históricamente, según nuestro ensayista, la corrupción de la izquierda tuvo fuerza constituyente de nuevas formas de gobierno: Walpole en Inglaterra, Barras en Francia y Jackson en América. Aquí, en cambio, la forma de gobierno es constituyente de la corrupción. ¡De robar a los ricos para proveer a los pobres a robar a los parados para vivir con los ricos!

Además están las pasiones: la colectiva de durar en el poder al precio que sea y la individual de enriquecerse del modo que sea. Las personas se pueden sustituir; los partidos, no. Para salvar el partido, «basta con culpar a personas indeseables, antes encumbradas». El sistema proporcional garantiza la impunidad de los partidos, razón por la cual ninguno lo quiere cambiar.

¿Cómo combatir la corrupción? «Preveyéndola», dijo Sánchez. Y todos corrieron a votarle.

Ignacio Ruiz-Quintano ( ABC )