COSACOS CONTRA ” LOLITA ”

Una de las mejores cosas de enterarse uno de que no hay que leer Lolita es que servidor ya la ha leído. Hace mucho tiempo. Entonces se filosofaba en silencio, y los rebuznos también eran modestos.

Eran tiempos sin Twitter ni Facebook, y el exhibicionismo moral era inasequible para el rebaño, por lo que el bien y el mal eran sólo un tema más. Pasa lo mismo con los abdominales y el ‘bikini bridge’: existían ya, pero Instagram los hizo pasar de contingentes a necesarios.

Una cosa que hermana a las naciones es el gusto por degradarse: buscando la pureza, por ejemplo. Supertacañonas o supertacañones, qué más da que el estandarte sea de género o religioso. El wanted‘a Nabokov llega tarde. Ese autor está muerto, y los que creen en la literatura sin aristas están más muertos todavía. Eso no impide a estos zombies caminar, ciegos, por las redes o sobre la tundra. En Stavropol, una ciudad del sur de Rusia, hace años que una manada de fiscales y religiosos intenta sacar de las escuelas los libros del autor de Lolita. Si Humbert y esa niña hubiesen estado casados los inquisidores ortodoxos se hubiesen encogido de hombros. Contra Dios, nada; pero si es como Dios manda se puede casi todo.

Hasta los cosacos se han sumado también a la cruzada contra Nabokov. Lanzaron una botella donde ponía “pedófilos” contra una ventana del museo sobre el autor que hay en San Petersburgo. Se puede cabalgar mal y leer bien, pero siempre es más peligrosa la gente a la que le pasa al revés. Nabokov, Wagner, Wilde… no se acaba nunca el goteo de creadores (muertos y releídos o requeterepresentados ya, carne de comentario de texto y bostezo de tesis) que vuelven a la vida por los golpes en el pecho de alguna manada vigilante. Anda Satán con un ataque de cuernos: ahora el mal personificado puede encarnarlo cualquier clásico.

Xabier Colás ( El Mundo )