CRISIS CATALANA

De esta crisis saldremos. Más o menos pobres, más o menos fuertes, pero saldremos. La humanidad, entonces, volverá a transitar los viejos caminos de siempre y pocas cosas habrán cambiado aunque le llamemos «nueva normalidad».

De lo que ya tengo dudas es cómo vamos a salir de la cronificada cuestión catalana. Nada se ha avanzado en su solución. El invocado diálogo, que ya practicaba Soraya Sáenz de Santamaría, no parece surtir efecto alguno, salvo el envalentonamiento de los independentistas. Su mayor falla es la falta de respeto al Estado de Derecho.

Lo supeditan, al igual que adaptan los valores democráticos, a su real voluntad. Sánchez cree que los puede tener entretenidos todo el tiempo. Ellos, sin embargo, a tenor de sus declaraciones, esperan mucho más del manoseado diálogo y por su parte, ni un paso atrás. Atentos, por tanto, al otoño. Cataluña volverá a ser foco de inestabilidad en España.

Solo desde la firmeza democrática, con la ley en la mano, sin complejos, con claridad y determinación, puede el Gobierno de este país enfrentar con posibilidades de éxito la cuestión catalana.

El problema sigue ahí. El Covid solo lo aplazó.

El Astrolabio ( ABC )