CRISPANDO

Cuando llegó muchos confundieron su raza. También se equivocaron con su sexo. Era una rottweiler y no un doberman. La liberó el equipo de campaña de Felipe González a principios de los 90 y volvió al redil en cuanto éste perdió las elecciones. La llamaron Crispación y es un animal longevo. En 2004 volvieron a sacarla de la jaula, a la que regresó en 2011. Cuando ayer, mientras hojeaba la prensa, la volví a ver pasar me dije: hela aquí de nuevo, tras otra hibernación de siete años.

La crispación no es la tensión que Zapatero decía que convenía mantener en los días previos a unas elecciones, ni la indecencia que Sánchez le atribuía a un presidente de Gobierno, ni siquiera los prestiges que a juicio de Carmona habría que hundir para asegurar unos comicios. La crispación es una molestia muy particular que afecta al gobernante socialista y que los melifluos llaman oposición.

La estrategia de la crispación es un sintagma que oficializó la Fundación Alternativas allá por 2006 en un pretencioso Informe sobre la democracia en España. Aquellos eran tiempos más pudorosos y la Alternativas era el órgano que desarrollaba la función que ahora corresponde al CIS.

La idea es brillante porque lo que estaba haciendo la fundación con la mera enunciación de La estrategia de la crispación era desplegar La estrategia de la estrategia de la crispación, la forma de que el Ejecutivo le haga la oposición a la oposición. El adversario fue siempre el sujeto pasivo de la estratagema y su brillantez consistía en que pareciera lo contrario.

El Gobierno de Sánchez, de audacia insólita, ya no sólo invierte los papeles en lo que se refiere a su relación con la oposición sino que además se encarga de evaluar al ciudadano, aunque ya ni siquiera se molesta en que parezca lo contrario. Ya he dicho que son tiempos menos pudorosos. La portavoz Isabel Celaá lleva un trimestre impartiendo lecciones básicas con paciente prosodia profesoral. Es normal, porque los españoles partían muy retrasados en diversas competencias.

Muy especialmente en lo que se refiere a cómo ejercen su derecho al voto. A los periodistas les está aplicando un programa de refuerzo educativo y tras sucesivas riñas -que le duelen más a ella que a ellos- para que aprendan a preguntar, ayer por fin atisbó un destello y pudo calificar de lógica una cuestión planteada por una informadora. «Sí, sí, me parece razonable», añadió cuando vio que la periodista reía. Quizás porque creyó que la risa era de satisfacción y no de estupefacción.

Rafa LaTorre ( El Mundo )

viñeta de Linda almor