CRISTINA, A LA HOGUERA

La batalla de Madrid está vez no está en el Puente de los Franceses, sino en el Puente de Vallecas, donde se alza la Asamblea de Madrid. La lideresa de Sol parece culpable de haber aceptado un regalo: el chanchullo sería de la universidad. De hecho, la presidenta del tribunal declaró ayer que su firma es falsa y el centro universitario envió el caso a la Fiscalía, que ha abierto diligencias penales por el tema tras las denuncias de asociaciones de estudiantes.

Horas después de que Pablo Iglesias acusara a Ciudadanos de ser «la maleta naranja del PP», los de Podemos dan la bienvenida al PSOE al festival de mociones de censura en la cámara vallecana. Su discurso insiste en que el PP hace daño a la Democracia. Le acusan de haber cometido toda clase de delitos y de mentir con descaro. Temen que Gabilondo sea corto de sifón, a pesar de ser catedrático de Metafísica; puede que fracase la moción de censura y que no pueda desmontarse la «trama» de Madrid, pero tienen claro que Cristina Cifuentes queda laminada para el futuro. «Lo que quieren los de Ciudadanos es achicharrarla en la parrilla como a los mártires», comenta un dirigente.

Ciudadanos tiene otra idea de la batalla de Madrid. Desprecia la táctica del pasatiempo o el espectáculo. Albert Rivera le decía a Carlos Alsina: «No se puede echar a una presidenta autonómica sólo por las investigaciones periodísticas». El líder de Ciudadanos sabe que se puede echar por una información de prensa hasta al presidente de Estados Unidos; ha elegido la táctica de la comisión de investigación porque prefiere una guerra de desgaste. ¿Y el PP? Su única idea defensiva es parar el golpe. Pablo Casado, posible candidato a la Comunidad, me dice: «El apoyo [de Rajoy] a Cristina desde Argelia ha sido definitivo. Vamos a apoyarla porque es una buena persona y una buena presidenta a la que quieren acorralar».

Ayer, en la Asamblea de Vallecas volvieron a someter a Cristina Cifuentes a la horquilla del hereje. Ignacio Aguado, que finalmente evitará su caída, o no, la acusó de preferir una universidad para amiguetes y familiares: «Le dieron el título sin pisar un aula. Ustedes son una máquina de desprestigiar instituciones. Llega un tiempo nuevo y ustedes no están invitados». Lorena Ruiz-Huerta, de Podemos, declaró en la tribuna que la dimisión de Cifuentes sería un ejercicio de higiene democrática. Y Ángel Gabilondo consideró que la mejor manera de respetar la universidad sería apartar a quienes no se comporten con rectitud.

Y como el político es un mamífero peligroso, peor que el mandril, ya se emplea en Vallecas la retórica tóxica y la caza de brujas para devorar a la adversaria. La van a freír.

Raúl del Pozo ( El Mundo )