La ignorancia, madre de todos los vicios, es según Honoré de Balzac, madre de todos los crímenes. Sólo hace falta observar un poco el devenir de los acontecimientos, para ver el repetir de la historia fruto del error reiterado de algunos seres humanos que se erigen en directores de la sociedad sin poseer la menor cualificación para ello. Sólo los necios perseveran en sus errores.

Es necesario inferir adonde te lleva una persona ignorarte cuyo principal error consiste en creerse todo lo contrario y no cejar en su empeño, presa de su terquedad. Es algo que no deja de progresar hacia el mal, la destrucción y todo lo peor: la guerra. Ahí radica su carácter sectario y reiterativo, oscuro y ciego, incapaz de llegar a la luz de la verdad. Es llevar a un pueblo a la división y a la guerra, no escarmentar, y volver a las andadas.

No aprendieron nada de la experiencia y por eso caen en los mismos errores, porque su ignorancia les lleva a escapar para adelante sin reparar en consecuencias. A reaccionar en desenfrenada huida de la quema que una vez iniciada; ya no hay quien apague el devastador incendio.

«Son tan limitados que se creen tener la razón», y bien sabemos adonde nos llevan dichos personajes, con su probada «catadura moral» y necedad. Nada más peligroso que un tonto que se cree con la razón. Que ha aprendido un falso y fácil argumento para defenderla reiteradamente.

Que tiene la razón porque es «progresista», simplemente, incapaz, por su limitación, de ver más allá y entender adonde lleva su progresismo. Pues su inmediata reacción ante los males que llegan por su desacierto, es echarles la culpa a los demás; la imputación ajena, y crearse un chivo expiatorio, un enemigo que sea el culpable. Que pague el pato. 

Así han dividido a los españoles. Recurriendo al pasado y manipulándolo, mediante la «memoria histérica», para demostrar que los culpables de tamaños delitos, seguimos estando aquí sin que nos hayan matado todavía.

Encuentran la verdad, su verdad -la de los demás no cuenta-, viendo la historia a su modo, regresando siempre para atrás; menos mal que son solo «progresistas»… Los que no son progresistas, son los malos, cavernícolas, el enemigo a batir. Son fascistas.

Dados a culpar al otro de los efectos del mal que ellos mismos inician y culminan, y ante su falta de argumentos lógicos se blindan en lo peor: el orgullo. Eso que es el origen de todo pecado y ciega al ser humano en la soberbia.

Estos individuos que nada quieren entender de virtudes y son por ello, presa de todos los vicios, resultan destructivos al solo buscar argumentos para defender la razón que no tienen, y no quedarse ahí sino tirar siempre para adelante con su terquedad. 

Figaro ( El Correo de España)

viñeta de Linda Galmor