CUAL BORRICO EMPECINADO

Nunca estuvieron bien vistos los recaudadores de impuestos ni los censores que son dos oficios mal afamados porque quienes lo ejercen les quitan a unos su dinero  para que los gobernantes lo dilapiden y a otros la libertad de expresión  para que los mismos ejecutores  públicos los condenen por lenguaraces.

Por alguna razón elegían para estos nada prestigiosos oficios a hombres de letras porque es bien conocido que los escribidores es gente necesitada de obtener algún sueldo para sobrevivir mientras les llega el éxito por sus méritos… o por el favor de la industria, y así tenemos dos significados casos de grandes escritores que recaudaron impuestos, como Cervantes, o tacharon con lápiz rojo las insolencias verbales de otros,  como Cela.

Hoy los políticos ya no precisan de esos colaboradores egregios porque les basta con su afán de rapiña de lo ajeno y la máquina del estado,  para esquilmar a quienes ganan honradamente su dinero,  y utilizar una buena parte de esa  recaudación en garantizar sus propios privilegios de grupo,  y subvencionar a su clientela más afín y agradecida.

Cierto es que la mayor parte de lo recaudado se dedica sanidad, pago de las pensiones, dependencia, ayuda a los sectores sociales en riesgo de exclusión, la defensa, la seguridad, y la enseñanza,  pero el desagüe por el que se van miles de millones de euros recoge sueldos, dietas, viajes, subvenciones y un sinfín de partidas semi clandestinas, no declaradas o  protegidas por el secreto oficial  que sirven para que la clase política más numerosa de Europa dilapide parte de nuestros impuestos o los dedique a financiar organizaciones y fundaciones afines donde colocan a sus mamporreros más perrunamente leales.

Por lo general los gobiernos de izquierdas son más aficionados a meter la mano en el bolsillo del contribuyente porque piensan que los que tienen trabajo deben subvencionar la pereza crónica de algunos sectores jóvenes que, como sus mayores han descubierto que no existe fórmula mejor que la de vivir bajo el paraguas de algún chiringuito público , y aunque sea por razones distintas es falso que  estén exentos de esa tentación los políticos de derecha porque se ha demostrado que ambos llevan en su adn el virus de la expropiación del  fruto del trabajo de los ciudadanos.

Estos días un hombre sensato como es el candidato socialista  Angel Gabilondo anda anunciando que ya que en Andalucía han dejado de perseguir a los hijos que heredan una casa de sus padres cuando fallecen él piensa  reponer ese impuesto en la Comunidad de Madrid si gana las elecciones, lo cual acredita que hasta las personas con sentido común pierden el norte si se juntan con gente no recomendable-

Como dijo tiempo ha , alguien que conocían  la deriva asnal de sus congéneres “el ser humano, cual borrico empecinado, nada aprende de nuevo y se enfanga  una y otra vez en el mismo  barro.

Diego Armario