CUANDO ESPAÑA DESAPARECE

Ahora, España», en Badajoz; en Barcelona, «Ahora, sí». He aquí la esencia (o en realidad el drama) del sanchismo, la última erupción ideológica que le ha salido al PSOE y quizá la más ajena a la última letra de la histórica sigla, ese desconcertante brote que le lleva, por ejemplo, a que en el atril de Extremadura ponga una cosa y en el de Cataluña otra.

Y una tercera quizás en Baleares, y una cuarta en Galicia y una quinta en el País Vasco, donde su lideresa local brinda con Otegui, aquel que seguramente en su día aplaudió los cinco tiros que un pistolero etarra descerrajó a Isaías Carrasco, o el disparo en la nuca (siempre tan cobardes) que acabó con la vida de Fernando Múgica, ambos militantes socialistas.

España pasa a un lugar secundario cuando Sánchez viaja a Viladecans (Barcelona) o a cualquier otro municipio catalán. Está, pero de lejos. Porque allí, en ese socialismo, quien manda es Iceta y quien obedece y baila a su compás es el que mande en Ferraz.

Ayer, el primer secretario del PSC se ufanaba en Twitter de haber forzado a Sánchez a incluir el asunto de la plurinacionalidad y el federalismo de España entre los objetivos que aparecen en el programa electoral con el que el doctor comparece a las elecciones del 10-N.

No le importó a Iceta que el mensaje supusiese una clara humillación de Sánchez, como seguramente a Sánchez tampoco le importó ser humillado. Ahora es Iceta quien le gana, pero mañana podría ser perfectamente Torra o quien le suceda al frente de la banda del lazo, pues en ese galimatías territorial del socialismo desde la época de Zapatero, España es un asunto subsidiario. Desde el propio nombre hasta su concepto político, social e histórico, España es demasiadas veces una incómoda molestia para una izquierda a la que siempre le suena como cosa de fachas.

Ayer, la Junta Electoral convirtió a Sánchez en el primer presidente de la democracia expedientado por utilizar La Moncloa como banderín de enganche de votos, por «romper el principio de neutralidad» exigible al Gobierno de la nación en vísperas electorales. Otra trampa en su currículum. Triste modo de pasar a la historia, pero quizá no el más grave visto el desbarajuste de naciones que le ronda la cabeza y que hace que, cuando no le viene bien, España desaparezca.

Álvaro Martínez (ABC )