La proliferación de los contagios del Covid-19, la quiebra provocada por la pandemia en sectores capitales de nuestra economía o las dificultades que entraña la administración eficaz de los fondos comunitarios habilitados para la recuperación no son, pese al reto que representan para la España presente y futura, las prioridades del Gobierno.

Capaz de sacrificar a su ministro de Sanidad en puertas de la tercera ola de la pandemia para explotar su perfil mediático en las elecciones catalanas, Pedro Sánchez maneja una agenda en la que el interés real de la nación ocupa un lugar secundario.

El plan de ingeniería social al que apuntan la reforma educativa, la ley de libertad sexual o el proyecto de eutanasia acelera en los próximos meses con un paquete de nuevas normativas en el que figuran, entre otras, la de memoria democrática o la denominada ley Rhodes, bautizada en honor del pianista de cámara de Sánchez.

Nadie se va a quedar atrás en la cola del sectarismo.

ABC

viñeta de Linda Galmor