Ante las informaciones políticas impropias de los obispos españoles contra la iglesia y la unidad de España, apoyando a sus enemigos, y que tanto daño causaron a la comunidad católica recientemente, nos encontramos evidencias alentadoras como ésta:

Jesús Sanz, Arzobispo de Oviedo (en la imagen), se desmarca de la Conferencia Episcopal sobre los indultos y rescata la unidad de España como «bien moral». El arzobispo, sin citar la nota de la Tarraconense, clama contra el «buenismo irresponsable que repite como un mantra argumentos prestados, cuando cabría esperar un juicio moral». «Se indulta a quien se aprovecha de su causa engañando, forzando, manipulando, insidiando y dividiendo. Pero no la vida del no nacido», dice en contraposición a lo expresado por el portavoz de los obispos.
La Conferencia Episcopal Española -aun más sorprendente- respalda  a los obispos catalanes, que la semana pasada publicaron una nota en la que expusieron la necesidad de aplicar «medicas de gracia» acompañadas de un «perdón sincero» y desde «el respeto de la justicia».
Así lo puso de manifiesto en rueda de prensa, el secretario general del Episcopado, Luis Argüello, que llegó a calificar de «valiosas» las reflexiones lanzadas por la Conferencia Episcopal Tarraconense. Palabras suyas que no necesitan más explicación.
Según ha declarado el propio Argüello, los obispos han refrendado en «diálogo y comunión» la postura de la Conferencia Episcopal Tarraconense en un debate interno que se alargó por espacio de hora y media. Sin embargo, el texto escrito por Sanz Montes choca de forma frontal con la postura del Episcopado español e, incluso, rescata la unidad de España como «bien moral». Una prueba más de que los obispos están en contra de la unidad de España como bien moral superior de nuestra civilización cristiana.
Sanz Montes clama contra «la calculada ambigüedad con la que vemos que se trata el asunto de unos indultos que tienen toda una profunda carga de complejidad. Porque los indultos que un gobierno puede estudiar y, eventualmente, conceder tienen un itinerario que es claro en nuestro ordenamiento jurídico.
Y no se pueden arbitrariamente conceder o negar desde un caprichoso uso que no tiene que ver con las palabras manidas en este festival de una extraña piedad, para venir a la postre a tapar los verdaderos motivos».
El arzobispo, sin citar la nota de sus ‘hermanos’ de la Conferencia Episcopal Tarraconense, señala que «estamos en una época en la que las palabras son continuamente robadas para volcar una verborrea vacía que de tanto repetirla ya no nos dice nada. Es una suerte de encantamiento para serpientes ingenuas que se dejan llevar por palabras sin verdad con una trama que engaña». Y añade: «Palabras huecas y sin sentido, en un hablar por hablar, parloteando para no decir absolutamente nada a sabiendas».
En el mismo sentido, también considera que «cabría esperar un amor a la verdad que descarta enjuagues con la ambigüedad engañosa, una audacia templada que sabe medir bien los tiempos sin precipitarse y sin fugarse cuando hay que hablar y actuar ponderando las consecuencias para todos y no solo para una parte.
Esto sería un buen testimonio desde una conciencia ética cristiana y desde una pedagogía paciente que no hace extraña su responsabilidad dentro de la Iglesia». Jesús Sanz Montes se lamenta, porque «son estos tiempos, los nuestros, donde hemos de librar la batalla cultural.
A todos se nos reclama esa fidelidad a la coherencia de una posición católica que no aísla ni empequeñece, que no excluye ni enfrenta, y fidelidad a una historia labrada generosamente por enteras generaciones que durante siglos han construido pluralmente España. Es la misma enseñanza que no hace tanto tiempo dimos los obispos españoles hablando de la unidad de nuestro pueblo como un bien moral».
El prelado subraya que «se indultan los intereses construidos desde el diseño egoísta e insolidario de quien se aprovecha tan solo de su propia causa engañando, forzando, manipulando, insidiando y dividiendo. Pero no se indulta la vida del no nacido a cuyo asesinato en el seno de su madre se aspira a que sea un derecho, ni la vida del enfermo o anciano terminal al que se permite acabar con su vida eutanásicamente en lugar de cuidarla con respeto, cariño y consuelo con las medidas paliativas y espirituales».
Asimismo, concluye, apelando a un ‘nosotros’, que «seguiremos clamando y defendiendo la vida en todos sus tramos, la verdad que nos hace libres, la convivencia plural y pacífica, la comunión fraterna que nos une y complementa, la educación que no manipula».
Recién publicado por Vida Nueva digital, esta información no deja de darnos un respiro entre esta pesada y bochornosa atmósfera cargada de la ideología perversa del demonio; donde desde el poder socialista-comunista se destruye lo construido, sin dejar piedra sobre piedras, y se aprueba hoy la eutanasia -el más indigno fin-, contra el que debieran luchar los obispos y no contra la sagrada unidad española. Pues gracias a su apoyo, Pedro Sánchez, se ha servido para ejecutar su último delito.
Solamente añadir a ese «bien moral» que califica el prelado Jesús Sanz, que tal bien moral supremo, es la Patria, a su vez fundamento de la religión. Le felicitamos por su valor defendiendo la verdad, cumpliendo con su deber.
NOTA: Jesús Sanz Montes OFM es sacerdote franciscano, nacido en Madrid en 1955, obispo de Jaca y de Huesca, arzobispo de Oviedo y comisario pontificio de la Unión Lumen Dei. Destacamos uno de sus titulares: «Santina, sálvanos y salva a España».
Fígaro ( El Correo de España )