La memoria de las ultimas tres generaciones de españoles está marcada por la violencia, la sinrazón y la cobardía de la banda terrorista ETA. Como ciudadano, nacido además en el País Vasco, he vivido muy de primera mano cómo la tiranía del tiro en la nuca, el secuestro y el coche-bomba destrozaba familias enteras y sembraba el terror en el conjunto de la ciudadanía.

El recuerdo y el respeto de todas las vidas robadas por parte de estos asesinos es y ha sido siempre un pilar inquebrantable de unidad para la sociedad. Una memoria que no entiende de colores políticos ni ideologías porque en ella solo están personas inocentes que no pensaban como ETA.

ETA nunca pidió perdón a las víctimas y a la sociedad española en su conjunto por todos sus años de violencia y muerte. Tampoco logró derrumbar nuestra libertad y por eso fue derrotada por el Estado de Derecho y el inquebrantable compromiso de las Fuerzas de Seguridad del Estado.

Resulta inexplicable, y aún más difícil de definir o encontrar la palabra adecuada, calificar el insulto del presidente del Gobierno, el pasado martes en el Senado, a todos los españoles y en especial a la memoria de las víctimas del terrorismo, cuando manifestó su sentido pésame al senador de Bildu por la muerte por suicidio de un preso de ETA.

Igor González Sola fue condenado a veinte años de cárcel por colaboración con banda armada, depósito de armas y falsificación dentro de su actividad en el «comando Amaiur» de la banda terrorista, integrado a su vez en el siniestro «complejo Donosti».

La bajeza moral de nuestro presidente ya estaba sobradamente apuntada. Sin embargo, resultaba difícil creer que una misma persona fuera capaz de insultar tanto a las miles de familias que han perdido a sus familiares a consecuencia de la pandemia como a toda la memoria de un país que aún sigue llorando a las víctimas de ETA.

Álvaro Ybarra ( ABC )

viñeta de Linda Galmor