CUANDO TODOS LOS DÍAS SON DE DIFUNTOS

Cada día, no recordamos desde cuándo, los españoles se asoman a los periódicos como si fueran una interminable esquela, un obituario en el que la lectura provoca tanta pesadumbre como alivio, porque, al cabo, el que lee, vive, aunque sólo sea para lamentar la muerte de sus compatriotas.

Nunca había vivido la población española tanta despoblación, nunca cinco generaciones se habían encontrado bajo arresto domiciliario, con las calles vacías, las carreteras desiertas y el paro como único horizonte laboral.

Ha pasado más de un siglo desde la última epidemia masivamente mortal y en la última Nochevieja nadie sospechaba que un virus pudiera matar a más gente que la Guerra Civil.

Pero eso es lo que está pasando, con 46 millones encerrados forzosamente en su domicilio, por angosto que sea o en agobiante acabe convirtiéndose, mientras el millón restante mantiene el abastecimiento de comida y cuida a los enfermos, hasta morir con ellos.

Tanto heroísmo queda empañado por la cobardía de un Gobierno despótico, tan legal como ilegítimo, y con tan poco respeto por la vida de sus semejantes como por la verdad. Es un Poder que vive de mentir y lo hace a diario para seguir mandando sobre una pirámide de muertos, sin límite de tiempo, sin control para esa forma letal de antropofagia llamada incompetencia.

Ya es un lugar común que España vive la peor crisis con el peor Gobierno. Pero no es sólo una pandilla de ineptos y despotillas que no sabe hacer las cosas bien. Es que están más que dispuestos a hacerlas peor.

El coronavirus, dijimos hace semanas, no es un obstáculo para el plan colectivista del Poder político-mediático, más mediático que político; al contrario, la excepcionalidad soñada por el vicepresidente comunista del Gobierno, Pablo Iglesias, se le presentó de golpe, y la está aprovechando.

El pueblo español ni siquiera puede echarse a la calle. El Parlamento no se puede reunir normalmente. Los medios de comunicación oscilan entre el terror económico y el terrorismo de desinformación, ideológico y político.

Nunca, desde la Guerra Civil, ha padecido España tantos periodistas cuyo trabajo es el de mentir a diario, en todo y a todos, para su propio beneficio y a las órdenes de un Gobierno al que no basta con denominarlo criminal.

En una carrera contra reloj, el Gobierno está acelerando el proyecto comunista para deshacer una civilización bimilenaria y una vieja nación cuyas raíces son Roma y la Cruz: libertad, propiedad, igualdad ante la Ley.

¿Y cómo va a defenderlas nadie si nadie puede salir siquiera de su casa? Es imposible imaginar un alineamiento de estrellas negras tan favorable para los liberticidas. Cuando se formó este Gobierno maldito dije aquí que sería el de las Tres RRuina, Represión, República. Ya no se molesta siquiera en disimularlo.

El delirio colectivista exhibido por Borrell es idéntico al de Sánchez: el mecanismo para implantar el plan colectivista de Iglesias. Es como si el PSOE se hubiera arrepentido de no entrar en la III Internacional, a la que sirvió la República que quiere revivir y la guerra que quiere ganar.

Federico Jimenez Losantos ( Libertad Digital )

viñeta de Linda Galmor