? Dónde mejor van a estar que en la cárcel para servir a la causa ? La Fiscalía recurre el tercer grado que les selló la Generalitat como una tarjeta Covid-free, la juez de vigilancia penitenciaria suspende de manera fulminante su régimen de semilibertad, los cabecillas de la trama del procés regresan a sus respectivas celdas de martirio y el separatismo vuelve a tener -todo esto en unas horas, como el que declara la independencia después de un calentón- motivos para el lamento, el reproche y el rearme victimista. Cuanto peor, mejor, de toda la vida.

Torra y compañía se quejan de vicio y por inercia, pero están mejor que quieren. Los presos tendrán que renunciar a los planes que habían hecho para un verano de libertad condicionada, idéntico al del resto de españoles, todos pendientes de una triste escapada, pero sus plañideras están de nuevo sobrecogidas y sobreactuadas, visiblemente heridas y arremolinadas por lo que califican de venganza. Desde el confinamiento de Igualada andaban desnortados, rebeldes sin causa. Con la Fiscalía de nuevo por medio, cogen aire filtrado por la mascareta y resoplan.

Política o judicial, la normalización que predica y aplica el Gobierno al «conflicto catalán» solo ha traído problemas a quienes sobreviven a base de arranques y contagios de genio racial e identitario. Con el viento a favor y sin un enemigo al que identificar y enmarcar para liarse a pedradas, se pelean entre ellos y se dedican a montar nuevos partidos, cuando no se ponen a buscar culpables, cada vez más cercanos.

El lunes pasado la emprendieron contra los curas y los jóvenes que se van de botellón. Iban camino, por el mal camino, fuera de toda hoja de ruta, de ponerse incluso a solucionar los problemas de la gente. Todavía el mando único les dio alguna alegría, lo justo para una pataleta, pero últimamente, con Junqueras y compañía en la calle, normalizados y desconfinados, se les veía mustios, con una revolución traspapelada y que no alcanzaba ya la categoría de berrinche. «Pues ahora no voy a la Conferencia de Presidentes». Cosas así, poca cosa.

Con Junqueras, los Jordis, Turull y Romeva en la cárcel, la república de Torra y Puigdemont vuelve a tener mártires y sentido, el único que tuvo. Su esperanza es que el Estado de Derecho les siga dando esas alegrías que tapan bajo el pañuelo de secar penas y aventar venganzas.

Jesús Lillo ( ABC )