CUATRO BARRAS DE HIERRO

Tiene razón el Valido. El traslado de los presos políticos a Cataluña supone una contradicción. Una contradicción mayúscula. El Valido tiene colgada en la fachada de la Generalidad un cartel que reivindica la libertad de los presos. Pero ahora tendrá que gestionar su encarcelamiento. La primera obligación del preso es escaparse y la del carcelero evitarlo. El Valido, en su indescriptible naturaleza, es preso y carcelero.

Toda la ridícula fraseología que ha empleado desde que accedió al cargo le llevaría a un acto naturalísimo de gobierno: facilitar la huida al extranjero (qué peso lamentable ha vuelto a adquirir esa palabra en torno a las consecuencias penales del Proceso) de los que en ningún caso considera que hayan de estar en la cárcel. Sería un acto de soberanía incalculable.

Evidentemente la decisión de que los ex miembros del Gobierno catalán y asociados vayan a la cárcel la ha tomado un juez y sería una vulneración monstruosa de la división de poderes que el ejecutivo organizase su escapatoria de la Justicia. Pero esa hipótesis devuelve como un espejo insoportable la vulneración monstruosa de la legalidad que ha practicado el gobierno desde que Artur Mas (el Evadido, nómbrese así para escándalo de la justicia y de la política españolas) puso en marcha el Proceso.

No una sino muchas veces la Generalidad desobedeció el mandato de los jueces y el espíritu de las leyes y saboteó desde dentro el Estado de Derecho de la manera que tan violentamente describe ahora este caso del preso y carcelero al tiempo. Pudo hacerlo, porque el Estado, a lo largo de cuatro décadas, fue trasladándole legalidad y legitimidad del mismo modo que ahora le traslada presos. Y es que el sentido alegórico del traslado penitenciario también alude a la actitud, de ahora y de casi siempre, del gobierno estatal.

En cualquier caso el Valido, que vive en esa república catalana donde ondea la bandera española que no se ha atrevido a arriar, tiene una nueva oportunidad de rebasar la citada fraseología con la que acostumbra a quedarse. Porque, ciertamente, que su autoproclamada república independiente, y toda la catástrofe generada, culminen en la irrevocable obligación ¡autonómica! de vigilar que no se le escapen de la cárcel los héroes del Proceso es magro y humillante resultado.

A mi modo de ver las cosas el Valido no debería desaprovechar la ocasión que se le presenta de ingresar él mismo en la cárcel. Por respeto a sí mismo y a la épica y porque, desengañémonos, lo fundamental es que ya se trata de cárceles con pan tumaca.

Arcadi Espada ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor