CUATROMESINA

Tras cuatro meses de gestación y como ofrenda en el absurdo altar de la unanimidad el Tribunal Supremo ha optado finalmente por la sedición: una suerte de equidistancia entre la rebelión y la desobediencia que no va a contentar ni a unos ni a a otros en apariencia pero que le vendrá de perlas a ciertos unos y a ciertos otros en la gestión política.

Con un ojo puesto en el Tribunal Constitucional y otro en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo no es extraño que el parto acabara en estrabismo y demás problemas de enfoque.

A ver cómo ha atado Llarena ahora por el rabo a esta mosca de 493 patitas para poder resucitar las euroórdenes que él mismo mató. Lo volverá a hacer.

Tadeu ( El Mundo )