CUBA, EL GRAN ENGAÑO DE AMÉRICA.

Algún día debiéramos estudiar los proyectos de nacional-socialismo que rondaron por la mente de Fidel Castro en su juventud. En aquella época, era un asiduo lector de Mi lucha, de Adolf Hitler;después viró hacia textos más leninistas que marxistas en sus años de matrimonio con una burguesa cuyo hermano le conseguía botellas (puestos ficticios muy bien remunerados) en el Gobierno de Fulgencio Batista Zaldívar, el mismo que le salvó la vida, y al que el gordito pesado de Birán dejaría chiquito.

Esos sueños del “Novio de la patria” -como el propio Castro se hizo llamar a inicios del tumbe castrocomunista, cuando empezó a autodenominarse “el Papá de todos los cubanos”-, cundieron en la febril mente del joven Hugo Chávez antes de ser entrenado ideológica y militarmente en Cuba y de convertirse en un militar golpista, años más tarde. Devenido entonces presidente bajo una dictadura constitucional (sueño truncado del castrismo con Salvador Allende en Chile, preferían la anhelada guerrilla), declaraba su socialismo nacionalista del siglo XXI, revivido por el bolchevique Raúl Castro, hermano de la Bestia de Birán, y tan bestia y sanguinario como él, o más.
Desde el primer día en que Chávez tomó las riendas se vio el carácter de marioneta en sus intenciones. Los venezolanos no oyeron a los cubanos que les advirtieron lo que se proyectaba, lo mismo que en Cuba: hambre, desolación, odio, división de las familias, exilio, represión, persecuciones. Comunismo, en una palabra.

Muerto Chávez, el mejor discípulo de los Castro, heredaron el poder Nicolás Maduro Diosdado Cabello, designados por Chávez, entrenado el primero también en la isla, y todavía más adocenado y súbdito del máximo poder del Comité Central del Partido Comunista cubano, dirigido por los temibles hermanos y por generales tan asesinos como ellos, Ramiro Valdés y toda su cohorte, que a través del Gobierno narco-castrista hacen y deshacen a su antojo.

Han pasado 18 años de dictadura. Hoy muchos vuelcan su mirada hacia el terror de Venezuela. En Cuba, una tiranía de 58 años conmueve solamente a unos cuantos. Pocos reconocen que el foco de esa atrocidad está en La Habana. Que Cuba ha sido el engaño de América toda, parodiando al himno. Que ese núcleo de oprobio continuará extendiéndose por el mundo.

Venezuela fue convertida en la provincia de ultramar castrista, la provincia rica, bajo la coacción y sometimiento de miles de militares cubanos.

De qué vale que la Unión Europea tome medidas en contra de Venezuela si a Cuba, el meollo del horror, la dejan intacta y le facilitan todo. De qué vale que la ONU condene a Nicolás Maduro si ensalza a los Castro y los reconoce como mediadores entre la narco-guerrilla de las FARC y el Gobierno colombiano.

Sacar a los Castro y a toda su casta significaría liberar a Cuba y a Venezuela, acabaría de una vez y por todas con esa maldición que lleva más de medio siglo acechando y destruyendo por donde pasa y se instala, ahora con su nueva máscara de falsa democracia.

Zoé Valdés ( El Mundo )