CUBA, NUEVAS FORMAS, PERO POCAS ESPERANZAS

La elección de Miguel Díaz-Canel como sucesor de los Castro al frente del despótico régimen cubano confirma que lo que fue calificado como deshielo en diciembre de 2014, gracias a la iniciativa de Obama, distaba mucho de ser real. Raúl Castro nunca mostró una actitud decidida por devolver la democracia a la isla y poco puede esperarse de quien fue nombrado por el propio Castro primer vicepresidente del Consejo de Estado.

No sólo porque Díaz-Canel sea un ortodoxo del aparato que ha ido escalando posiciones por su capacidad de obediencia y la identificación con los valores dictatoriales de la revolución. También, porque el país que hereda se encuentra en una precaria situación económica, porque Trumpno se siente concernido con el proyecto iniciado por su antecesor y, finalmente, por la deriva autoritaria de los últimos años, en los que han aumentado las detenciones políticas y se ejerce un férreo control sobre los medios de comunicación y se limita el acceso a internet.

Díaz-Canel es más joven y no luce uniforme militar, pero lo más que puede esperarse de él es una cierta liberalización económica, a la manera del comunismo chino o vietnamita. Algo insuficiente para un pueblo que lleva sufriendo la dictadura desde 1959.

El Mundo