CUBA Y VENEZUELA: LOS ESTRAGOS DEL POPULISMO DE RAÍZ COMUNISTA

En el contexto agitado de la historia de América Latina, Cuba y Venezuela suponen dos eslabones clave del pasado caudillista de este continente.

Aunque en el caso del régimen castrista, su relevancia geoestratégica enlaza con algunos de los capítulos fundamentales para entender el siglo XX -como la Guerra Fría-, la realidad es que los dos países muestran a día de hoy los estragos que puede llegar a causar la mezcla del comunismo y el populismo de raíz bolivariana.

A la falta de libertades y de derechos civiles, y al pisoteo constante de los derechos humanos a través de una abyecta represión, tanto La Habana como Caracas suman una catástrofica gestión política y económica que ha condenado a ambas poblaciones al hambre y la miseria.

Mientras la revolución de Fidel Castro pronto se convirtió en una cárcel a cielo abierto, en el caso de Venezuela, el chavismo usó primero las exportaciones de petróleo para sostener un insostenible Estado asistencial y ahora se vale del ejército y el resto de jerarcas del régimen chavista para sostener con respiración asistida al gobierno de Maduro.

Las autoridades cubanas no supieron o no quisieron aprovechar el deshielo de las relaciones entre La Habana y Washington durante el mandato de Obama para iniciar la apertura política y económica.

A día de hoy, el régimen castrista continúa reprimiendo a la disidencia y mostrándose impermeable a un proceso de transición democrática mientras se agravan las condiciones de vida de los cubanos.

El descenso en envíos de petróleo de Venezuela y la caída en las exportaciones ha agudizado la lacerante situación económica de la isla. Esto ha llevado al presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, a emular a Venezuela. Primero, subiendo el salario mínimo. Y, segundo, impulsando una criptomoneda cuyo objetivo pasa por paliar la creciente escasez después de que Trump reforzara el embargo.

La adopción de estas medidas, de dudosa viabilidad, constata el estrepitoso fracaso del castrismo. Cuba, lastrada después de seis décadas de régimen comunista; y Venezuela, sometida por una narcodictadura moribunda, reflejan la deriva de dos sistemas anacrónicos, siniestros y criminales.

El Mundo