CUBA

Pocos países tocan la fibra emocional de los españoles como Cuba. En mi villa marinera, allá al noroeste, en los años sesenta se conocían mejor las calles de La Habana que las de La Coruña. Un buen amigo cordobés recordaba a su abuelo hablándole siempre de la guerra de Cuba.

En realidad, todos los españoles, desde la generación del 98, dejamos en la isla un pequeño trozo de nuestro corazón.

Por eso, cuando nos reencontramos con aquel cielo azul de la mayor de las Antillas, reaparece en nuestra entretela más íntima esa pulsión atávica e irrefrenable que desde antaño nos movió a los de esta orilla por navegar hasta allí. Diego Velázquez de Cuéllar, obeso gobernador, fundó las siete primeras ciudades españolas de Cuba hace 500 años, cuando Cortés ya trataba de hacerse con el imperio de Moctezuma.

Tal vez tengamos que leer más Historia -incluidos Sánchez e Iglesias- para entender este extraordinario país en el que vivimos. Tal vez esté justificada la presencia allí de los Reyes, precisamente estos días.

Pero es bien cierto que los astros no se alinearon para respaldar el viaje. España vive emociones encontradas. Y los Reyes en Cuba, y no por voluntad propia.

El Astrolabio ( ABC )