CUENTAS DE LA LECHERA ( 2 )

Resulta que las cuentas de Sánchez eran, en efecto, las de la lechera. Pensaba pasarse dos años en La Moncloa como un pachá sobre el colchón que le dejó Rajoy, más al alza del techo de deuda autorizado por Bruselas y nuevos impuestos a los «ricos», que le permitirían convertir su insignificante minoría en cómoda mayoría en 2020. Pero, de repente, ¡zas!, el cántaro al suelo. No habrá presupuesto expansivo, ni nuevo techo de deuda, pues se opone no sólo el PP, sino también Podemos, y hasta la banca le dice que cuidado con los impuestos, que se van.

Aunque lo más tremendo es que los independentistas catalanes quieren cobrar el haberle hecho presidente y le advierten de que, como no les dé el «derecho a decidir», le retiran su apoyo. Con lo que vuelve a hablarse de elecciones. No creo que lleguen a tanto. Tampoco a ellos les interesa ir de nuevo a las urnas. Van a tenerle colgado sobre el abismo, para irle sacando lo que puedan hasta el momento oportuno.

Todos han hecho las cuentas de la lechera, y lo saben. El relato independentista es un cuento infantil con que se ha engañado a varias generaciones de catalanes, pero no resiste la embestida de la inmigración masiva, el cambio climático en marcha, la guerra comercial sin vencedor, las políticas brutales de Trump y Putin, el suicidio demográfico de la vieja Europa. Fíjense en el descubrimiento de Puigdemont para arrollar a sus colegas de aventura: ¡nada menos que un «movimiento»! El invento de Franco para acabar con falangistas, tradicionalistas junto a los demás partidos. Y ahora llega un ex presidente catalán en el exilio a crear otro movimiento bajo su férula: «la Crida (o llamamiento) Nacional».

No son los únicos ilusos. En la otra banda, se invoca a Fraga, a Aznar, incluso a Suárez, innovadores en su tiempo. Pero no son Mike Jagger o Paul McCartney, aún actuales. Son pasado, y el pasado se ha ido para siempre. Lo que no impide que se les invoque con nostalgia una vez convertida la escena política en pista de hielo. Se comprende que los nuevos líderes, sin nada a qué agarrarse, busquen la referencia del ayer.

Pero la «generación más preparada de la historia» no debiera caer en la trampa de aplicar fórmulas caducadas, como el nacionalismo y el populismo, en el mundo de errores y horrores en que vivimos, como muestra cada telediario. Los jóvenes están preparados para ordenadores, móviles y otros artilugios informáticos, pero es la naturaleza humana la que diseña el futuro.

Y el futuro, decían los antiguos, «está en el regazo de los dioses», o sea, fuera de nuestro alcance. Basta una ojeada al siglo XX y a lo que llevamos de XXI para constatar que la historia va unas veces hacia delante y otras hacia atrás. Por cierto, esas refundaciones ¿son pasado, presente, futuro o cuentas de la lechera?

José María Carrascal ( ABC )