El presidente del Gobierno (sí, sigue siendo Pedro Sánchez) esta mañana le ha soltado a Pablo Casado, presidente del PP: Usted se erige en defensor de la Corona, pero vaya con cuidado.

Amistoso consejo, previniendo al jefe de la oposición ante la posibilidad de tropezar con una corona que pudiera estar rodando por los suelos, tropezar y darse un leñazo contra las frías y duras baldosas de los pasillos del Congreso.

Pero también podría ser una velada amenaza, como las que tan practicadas por los rojos circulaban en España durante la Segunda Republica.

Amenazas como la que recibió de la insultante boca de la lideresa comunista, Dolores Ibarruri, alias «la Pasionaria»,  don José Calvo Sotelo, el día 12 de Julio, cundo se le ocurrió terminar su intervención en el Congreso de los Diputados con estas premonitorias palabras: Es preferible morir con gloria a vivir con vilipendio, tal y como afirmó ante Dolores Ibarruri, a quien después se atribuyó la autoría de esa misma frase. Has hablado aquí por última vez, fue la amenazante respuesta, según algunos testimonios, de la diputada comunista.

La cosa siempre acaba mal para quien discute al «aupado» poderoso, falto de inteligencia y huérfano de herramientas intelectuales para defender su equivocada posición.

Es la amenaza la natural respuesta del imbécil: blandir el Poder como un látigo de siete cabezas, para contrarrestar el discurso inteligente y bien armado del oponente que le deja ante los demás con el almorránico culo totalmente al aire.

Bien haría el líder del PP en no echar en saco roto la «solidaria advertencia» del señor Sánchez.

Ya sabemos que aún siguen siendo las cosas algo diferentes a como se «andaba» por aquellas fechas. Todavía no se queman iglesias ni la turba roja -que ahora forma parte de los distintos gobiernos, nacional, autónomo y municipal-, se emplea en matar a clérigos, militares, empresarios y terratenientes porque, entre otras cosas, lo mismo matarían a unos cuantos de los suyos.

Pero reconociendo eso, el líder de la «derechita española» ha de tener muy presente que confiar en los buenos propósitos de un rojo, es como confiar con fe ciega en el mayoral de una ganadería de toros bravos cuando nos dice que si nos quedamos parados sin achucharles, ninguno de aquellos marrajos que componen la manada, vendrá a cornearnos.

Lo mejor, por si las moscas, es tener presente la posibilidad de que entre tanto cuerno se pudiera perder una cornada con la mala leche de que quien se la vaya a encontrar sea él. Lo mejor, señor Pablo Casado,  para evitar males mayores, es moverse por el Congreso con un «burladero» bajo el brazo.

Y es que a los infinitos asesores del señor presidente (eso es mala cosa), se les va acabando el discurso que después debería ser el sesudo discurso del señor presidente y, como ya la inventiva va convirtiendo en un chorreo verbal incoherente y aburrido; ante tal debacle la única herramienta que le ha quedado al señor presidente es dar el amenazante aviso de:

Cuidado conmigo que soy, el primo, del de Zumosol.

Eloy R. Mirallo ( El Correo de España )