Como bien dijo Francisco Franco,  cuando el Gobierno del Frente Popular trató de ningunear el incipiente Alzamiento Nacional“lo tienen todo, menos la razón”. 

Les acaba de pasar lo mismo con la tragedia devenida sainete del homosexual tarambanas al que sus amantes de ocasión le tatuaron con una navaja en el culo el nombre de su sexo: maricón.

Según la primera versión del tarambanas con el culito firmado con la verdad de lo que es, que, en esencia, es la única verdad de este vodevil de cuernos homsexuales con puntillitas sadomasoquistas, “lo tenían todo” para escenificar una tragedia homofóbica que llevase a la picota a VOX. “Lo tenían todo, menos la razón”. O sea, la verdad.

Pero ¡qué más da! Ellos se guían por la dialéctica de Poncio Pilatos“¿La verdad? ¿Qué es la verdad?” Si la verdad sirve a nuestros propósitos la izamos a los mástiles de nuestro discurso.

De lo contrario se le pegan dos tiros a la verdad y sobre su cadáver construímos nuestro Himalaya de mentiras, como decía Julián Besteiro.

“Lo tenían todo” para escenificar una tragedia: un inocente homosexual asaltado por una manada de hienas homofóbicas encapuchadas que, a plena luz del día, le introducen, suponemos que al hispánico grito de “maricón el último”, en un portal de Malasaña, le despojan de los pantalones y, a punta de navaja, le garabatean en el culo la palabra maricón, que no es tan larga como otorrinolaringólogo o como Constantinopla, pero que sí es lo suficientemente larga como para demorarse en su escritura con una estilográfica de Albacete sobre un culo rezumante de borrones de sangre.

Pues nada, oye, ni un grito, ni un testigo, ni un vecino entrando o saliendo del portal que viese al escriba homófobo afanado en su tarea reclinado sobre el culo en pompa, a modo de pupitre, del inocente homosexual, escribiendo tan eufónica palabra: maricón. Nadie vio nada, nadie oyó nada, ni siquiera las cámaras de seguridad grabaron nada, pues debía tratarse de ocho ectoplasmas homófobos escapados del archivo paranormal de Iker Jiménez.

Nada, absolutamente nada. La inconsistente denuncia del inocente homosexual hubiera hecho dudar a Mortadelo y Filemón, pero no al Gobierno de España que, con el cuchillo entre los dientes, se lanzó a escribir la palabra homófobo sobre las nalgas de VOX en todos los Telediarios: ¡Qué tragedia, por San Zerolo bendito, qué atrocidad neonazi, qué infamia fascista!

Hasta que el inocente homosexual se derrumba en comisaría y entre lágrimas y moquitos, entre hipidos y mohínes, confiesa que todo es mentira, que se lo inventó todo porque había engañado al novio, y  que le pidió él a sus dos colegas de orgía sodomita que le escribieran lo que es en el culo: maricón.

He ahí la verdad que hasta Mortadelo y Filemón barruntaban. Pero ¡qué más da! La verdad no importa, solo importa la propaganda… para darle por culo a VOX.

¡Por San Zerolo bendito, cómo se las gastan los homofílicos socialcomunistas!

Eduardo García Serrano ( El Correo de España )