CUMBRE ECOLOJETA

El cambio climático es una evidencia que debemos combatir con todos los medios a nuestro alcance. Y para empezar hay que conseguir que cancelen la llamada Cumbre del Clima, el fiestorro mastodóntico que los ecolojetas se disponen a celebrar en Madrid el próximo mes de diciembre, que nos va a crear un efecto invernadero superior al de las saunas que regenta en Chueca la familia de Begoñísima.

A la cumbre ecolojeta han confirmado su presencia veinticinco mil congresistas. ¡Veinticinco mil andobas trasladándose en avión! ¿No habíamos quedado en que la combustión del queroseno es uno de los factores más activos en la generación de gases de efecto invernadero?

Dióxido y monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y azufre, tetraetilo de plomo, todo tipo de aerosoles… una ensalada letal. Y una vez que hayan aterrizado, ¡los ecolojetas tendrán que ser trasladados a los hoteles de Madrid! ¿Alguien se ha detenido a considerar el consumo energético suplementario que tal patulea va a originar? ¡Miles de taxis expeliendo pedos de gasolina requemada!

¡Cientos de hoteles con la calefacción a todo trapo y con un despliegue luminotécnico de órdago! ¡Y en cada habitación un botellín de agua mineral de bienvenida! ¡Veinticinco mil botellines de plástico que terminarán tapizando los océanos! La pesadilla medioambiental adquirirá proporciones colosales a medida que se sucedan las sesiones en los pabellones de Ifema (climatizados según los métodos más lesivos para el medio ambiente), a medida que los ecolojetas sigan embaulándose botellines de agua, a medida que los paseen en autobús turístico por Madrid, para que puedan disfrutar de sus monumentos y de sus delicias culinarias.

¡Menudos atracones se van a pegar los ecolojetas a costa del contribuyente! ¡Y menudas ventosidades expelerán luego, mientras hacen la digestión! ¡Cientos de miles de centímetros cúbicos de gas metano que dejarán chiquitas las emisiones de toda nuestra cabaña ganadera! Y después de las comilonas… bueno, todos sabemos que, después de las comilonas, los ecolojetas irán a visitar… monumentos.

Y todos sabemos que la visita a los monumentos genera desperdicios plásticos que, por supuesto, acabarán también tapizando el océano, junto a los tropecientos mil botellines de agua mineral. Y todo esto con gran trasiego de taxis que llevarán y traerán a los ecolojetas del coro al caño y del caño al coro. Y, cuando por fin los ecolojetas emigren, después de catar las delicias culinarias y los monumentos de Madrid, volverán a hacerlo todos en aviones que inundarán de gases mefíticos la atmósfera.

Todos, salvo la niñita Greta Thunberg, que después de viajar con patrocinios millonarios hasta Chile busca nuevos patrocinios para volver a cruzar el océano en un medio de transporte que no contamine. De inmediato, nuestro Gobierno ecolojeta se ha ofrecido (quiero decir, ha ofrecido los saqueados bolsillos del contribuyente) para sufragarle la travesía.

¿Pondrán a su disposición el buque escuela Juan Sebastián Elcano? ¿O preferirán birlarle al Rey emérito el yate Bribón? Sería, sin embargo, mucho más ecológico que Greta Thumberg viajase desde la Patagonia hasta la península de La Florida por carril bici; y que en La Florida se montase en una patera que la traería hasta España, aprovechando la Corriente del Golfo. Tal vez la travesía fuese un tanto incierta; pero los ecolojetas reunidos en Madrid la esperarían haciendo libaciones e impetrando la protección de la Pachamama, al más puro estilo sinodal vaticanosegundón.

¡Hay que detener la celebración de la Cumbre ecolojeta! ¡Somos la última generación capaz de salvar el planeta! ¡Sí se puede!

Juan Manuel de Prada ( ABC )