CUMPLIR LO PROMETIDO

La política española se ha envilecido de tal manera con el transcurso de los años que nadie otorga valor alguno a la palabra de un candidato. Es más, se da por hecho que las promesas formuladas en campaña son papel mojado y se entiende que, en la práctica, la ética y los principios han de retroceder ante el interés económico.

Esa concepción utilitarista de la cosa pública, especialmente acentuada en el centro derecha, es la que ha prevalecido en el PP durante varios lustros, y a ella se debe la fragmentación de ese espacio en tres partidos y el consiguiente descalabro de las siglas que aglutinaban en exclusiva a esos votantes.

Cuando una formación pierde sus referencias ideológicas y se convierte en una mera máquina de conseguir o conservar el poder, está empezando a morir. Que es exactamente lo que le ocurría al PP hasta que Pablo Casado se hizo cargo de los mandos.

Sus posaderas son las que recibieron el pasado 28-A la patada de los electores decididos a emigrar mucho antes de que él asumiera el liderazgo, pero el grueso de la responsabilidad no es suya.

Y se equivocará gravemente si confunde «centro» con «relativismo» y trata de recuperar sufragios regresando a las andadas consistentes en asumir mansamente la dictadura de lo políticamente correcto impuesta por la izquierda en todo aquello que no atañe al presupuesto, desde la mal llamada «memoria histórica» hasta la concepción «discutida y discutible» de la Nación, sin olvidar el apaciguamiento estéril ante el desafío secesionista.

Isabel San Sebastián ( ABC )

viñeta de Linda Galmor