» DAMMATIO MEMORIAE »

¿Quiénes son los miembros de este Gobierno para prohibir que yo y cualquier hijo de vecino expresemos opiniones elogiosas o, simplemente, ecuánimes sobre la persona que gobernó España durante cuatro décadas? Sólo las denigratorias gozarán en el futuro de presunción de inocencia.

Bonita ley del embudo, porque, en puridad, únicamente tienen legítimo derecho a verter opiniones sobre Franco quienes hayan investigado a fondo, con rectitud y sin sectarismos, su trayectoria y la del Régimen que encarnó o quienes por edad estuvimos, ya adultos, sumergidos de grado o por fuerza en él.

Hablan de oídas, casi siempre tendenciosas, y no por verificación directa, todos los españolitos menores de sesenta años, incluyendo a Pedro Sánchez, a muchos de sus ministros y a todos los niñatos del coro podemita. Existía en la antigua Roma la damnatio memoriae mediante la cual podía el Senado vilipendiar a un emperador tras su muerte en vez de rendirle culto.

Se suprimía su nombre (abolitio nominis) en las inscripciones públicas, se destruían sus estatuas y hasta se desfiguraba su rostro en las monedas. Es decir: lo borraban de la historia. La intentona era ingenua a más no poder y generaba, como está sucediendo ahora, una mayor presencia del réprobo en el imaginario de las gentes.

Ocurrió con Calígula, por poner un ejemplo notorio, que fue, en efecto, extraído con fórceps de la historia por el establishment de quienes vinieron tras él, pero que siguió siendo objeto de veneración popular y castrense durante varias generaciones. Hoy, para bien o para mal, seguimos hablando de aquel supuesto monstruo.

Lo hizo Camus y acaba de hacerlo ahora el escritor inglés Simon Turney en una interesante novela editada por Planeta. Yo, señores del Gobierno, ni quito ni pongo rey, pero me arrogo el derecho de contar lo que viví. Estoy haciéndolo en el segundo volumen de mis memorias.

 ¿Seré procesado, cuando salga, por escribir con la sinceridad que el memorialismo exige? ¿Seré reo de algún crimen si discierno entre las luces y las sombras? ¿Me encarcelarán si no cargo las tintas tanto como a ustedes les gustaría?

Eso de encarcelarme, por cierto, ya lo hizo Franco. Chusco sería que lo hiciese también la democracia. Vaya, en todo caso, por delante que cuanto a cuento de esa figura de cera de la historia dicen quienes no estuvieron bajo su férula es sólo posverdad. Líbrenos Dios de las fake news y de los ignorantes que las propagan.

Fernando Sánchez Dragó ( El Mundo )