¿ DAN VOTOS LAS PANCARTAS ?

A pesar de que la crisis catalana parece aun lejos de resolverse, lo cierto es que el centro de la atención pública se ha desplazado en los últimos días hacía una batería aparentemente espontánea de reivindicaciones de carácter social que tiene visos de seguir cobrando impulso hasta transformarse en una auténtica «primavera de movilizaciones». La huelga feminista del 8-M, las protestas por la posible derogación de la prisión permanente revisable, los altercados en Lavapiés, y, por encima de todo, las manifestaciones de un sector tan numeroso y determinante electoralmente como los pensionistas, han configurado un paisaje en el que parece claro que la batalla política ha vuelto a la calle pero, ¿hasta que punto influyen en la gente para votar?

Verónica Fumanal, experta en comunicación política, considera necesario analizar el origen de las protestas y la manera que están teniendo los partidos de posicionarse ante ellas para responder a estar preguntas. «Cuando el Gobierno vende que la recuperación económica está llegando a los bolsillos de los españoles hay sectores que dicen que se debe repartir estos beneficios», explica. Aunque las reivindicaciones feministas no son exactamente lo mismo, Fumanal cree que «se pueden ver desde el mismo prisma» y que, en consecuencia, se puede hablar de que estamos asistiendo «a un 15-M femenino y senior».

Sin embargo, esta experta es escéptica en cuanto a la posibilidad de cuantificar el impacto que pudiera tener en las urnas ya que «ningún partido está rentabilizando por el momento este movimiento: la calle esta pasando por delante de los partidos y su discurso es claramente antipolítico, es decir, como nadie les está representando, ellos quieren representarse a sí mismos».

Los expertos consultados no creen que se esté reproduciendo el clima político reinante durante la parte final de la era Aznar, cuando el Prestige, las manifestaciones del «no a la guerra» y, finalmente, las movilizaciones del 11-M, constituyeron un ejemplo de manual de cómo la agitación en la calle puede tener un impacto directo y demoledor en las urnas.

El politólogo Pablo Simón cree que tanto las reivindicaciones sobre la mujer como las de las pensiones han tenido un origen espontáneo desde abajo. El caso más claro es el de los jubilados, un colectivo cuyos intereses, por razones obvias, son secundados por los mayores de 50 años, «nada menos que el 40% del censo», recuerda Simón. «Más allá del impacto que puedan tener de cara al ciclo electoral –que aún queda lejano– es evidente su repercusión en la agenda política», explica este experto para quien ha sido fundamental el apoyo que han efectuado los medios de comunicación ya que sus audiencias se lo demandan. Simón es escéptico sobre la hipótesis de que el movimiento de protestas gane masa crítica y de que vaya a ser rentabilizado por algún partido.

«En términos de agenda este tema está muriendo ya», afirma. «En cuando al momento actual, todavía es prematuro. Por ahora no hay traslación inmediata a Podemos y no hay que olvidar que en este asunto el arma más importante –que es el BOE– la tiene el Gobierno». Una cosa está en cualquier caso clara: las reivindicaciones de los pensionistas a quien la afectan más directamente es a el PP, el partido con base electoral más envejecida ya que 1 de cada 3 de sus votantes es mayor de 65 años.

Andrés Rojo ( La Razón )