EL DAÑO QUE HACEN LAS TVS PRIVADAS

La mayoría de las cadenas de televisión privadas de mi país son de izquierdas. Y muchas de ellas francamente sectarias. Se ocupan de destacar a cuchillo todo lo que va mal en el país, que atribuyen a las políticas neoliberales aplicadas por el gobierno de Rajoy. Incitan los instintos más primarios de la gente, que son la envidia y el resentimiento, y persuaden a los ciudadanos de que la solución de todos sus problemas está en manos del Estado, que debe impulsar un gasto público mayor, aumentar los derechos sociales, fortalecer los sistemas de protección y elevar los impuestos a todos aquellos que ganan mucho dinero, no importa que esto se deba a la pericia y el sacrificio puestos en el empeño.

Las televisiones de mi país han exagerado la corrupción hasta el extremo de que han conseguido instalar en el imaginario público la idea de que todos los políticos son unos ladrones cuyo objetivo genuino es robar a los ciudadanos. Ni qué decir tiene que el daño causado por estos medios de comunicación ha sido tremendo. Han provocado una desafección hacia la clase política y las instituciones muy difícil de corregir, han socavado la moral pública, han convertido a los individuos en irresponsables -en personas infantiles cuyas desgracias jamás tienen que ver con ellos sino con un agente externo- y han impulsado con gran eficacia el populismo.

Una de las razones por las que Podemos, el partido radical de extrema izquierda que lidera Pablo Iglesias, tenga 46 ( sin contar con todos los frikis del congreso) diputados en el Congreso es precisamente el apoyo que tácita o explícitamente le han prestado estos medios de comunicación absolutamente nocivos.

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