De esta humanidad enloquecida,
que ya no mira a Dios sino a su ego
y a las cosas del mundo todo fía,
no puede ya esperarse nada bueno.

A Dios Nuestro Señor, a Dios le ruego,
que tenga la clemencia inmerecida,
de ponernos de nuevo en el sendero,
que conduce hacia Él desde esta vida.

Que nuestras almas toque y despertemos,
del sórdido delirio en que nos hemos,
sumido enteramente y con porfía.

Sólo así, acogidos a la guía,
del Único que impide nuestra ruina,
de un mañana mejor gozar podremos.

Andrés García-Carro ( El Coreo de España )