DE CEUTA, SÁNCHEZ Y SOROS

Más de 600 jóvenes africanos asaltaron ayer la frontera española en Ceuta e invadieron territorio español. Literalmente. Armados con grandes cizallas, lanzallamas de fabricación casera y cal viva, doblegaron con insólita violencia a los agentes de la Guardia Civil que defienden las instalaciones fronterizas e hirieron a más de veinte de ellos.

Una vez en tierra española se lanzaron a celebrar su éxito por las calles ceutíes ante las cámaras de televisión, plenos de orgullo exultante. Sus imágenes triunfantes han dado ya la vuelta al mundo y en África los jóvenes ya las han visto. Ellos son los héroes. Por España se puede. Millones de jóvenes los envidian y sus familias ahorran para pagar a los traficantes que los hagan protagonistas de futuras escenas parecidas.

Lejos de los triunfadores, en el hospital de Ceuta tratan a los guardias civiles de las quemaduras de la cal viva, del ácido y las llamaradas y de los golpes recibidos de una turba a la que nada importaba más que entrar por la fuerza en territorio español. Si uno de los guardias hubiera muerto es de suponer que el Ministerio del Interior lo habría presentado como un desgraciado accidente. Ayer no hubo ni una palabra del ministro ante más de veinte bajas en un cuerpo del Ministerio.

Y no se sabe que se haya instruido ningún tipo de acción contra unos extranjeros que sin documentación y por zonas no habilitadas para el tránsito han ejercido una violencia colosal para violar la frontera y la ley en una agresión con decenas de heridos. Han violado la frontera, han utilizado armas acarreadas y fabricadas con premeditación para atacar a españoles, han herido a fuerzas policiales y asumido el riesgo de que estos murieran. Y nadie va a ser responsable de todo ello.

Imaginen a unos españoles que organizan un ataque similar sobre unos guardias civiles en un recinto que estén vigilando. ¿Cuántos años de cárcel deberían en justicia caerles? Muchos. Los autores de la agresión sufrida ayer por las fuerzas policiales españolas quedarán en absoluta impunidad. Han entrado con violencia y atropellado y aplastado a la Policía.

Los agresores tienen garantizado el premio de su estancia ilimitada en España y Europa. Han cometido graves delitos al entrar que nadie les reprochará. La impunidad se entiende enseguida. Es el mensaje a los que vienen detrás: «Usad la máxima violencia, porque si tocáis suelo español nada de lo hecho importa». Así se entra en España con violencia y con la idea -muy cierta, por desgracia- de que se llega a un país que no castiga por violar sus leyes, ni por destruir sus instalaciones ni por agredir a sus agentes.

Hermann Tertsch ( ABC )

viñeta de Linda Galmor

La mayoría de los españoles no sabe -se quiso mantener en secreto-, que nada más llegar a La Moncloa, Pedro Sánchez recibió una visita extraordinaria. Era George Soros, un magnate y especulador financiero que mantiene una guerra global y sin cuartel contra las naciones europeas. Paga a cientos de ONG, partidos izquierdistas, bandas antifascistas, diarios digitales y páginas y blogs en todo el mundo para sus campañas. Tiene mucha nómina en España y hoy parece sentir predilección por nuestro gobierno. A quien odia Soros es a Viktor Orban, el líder húngaro que gobierna con inmenso apoyo popular. No como Sánchez. Su parlamento aprobó leyes por las cuales quien intenta ilegal y violentamente entrar en Hungría es expulsado de inmediato tras ser procesado por lo que jamás puede aspirar a regularizar su situación en aquel país. Hungría es una nación que resiste a Soros y tiene fronteras que todos respetan. Nosotros por el contrario podríamos habernos convertido ya con Sánchez en su juguete favorito.